Ocean Visions lanzó una hoja de ruta digital orientada a ordenar el debate sobre el uso de algas como posible solución climática. La herramienta, denominada Seaweed-Based Products for Decarbonization, busca identificar prioridades científicas, tecnológicas, económicas y de política pública para el desarrollo responsable de productos basados en algas con potencial de reducir emisiones en distintos sectores.
La iniciativa parte de una premisa concreta: las algas pueden sustituir ingredientes o insumos de origen fósil en ciertos productos y, a diferencia de varias alternativas convencionales, pueden crecer sin requerir grandes aportes de agua dulce, tierra agrícola o fertilizantes. Esa ventaja potencial no elimina la necesidad de medir impactos, capacidades de escala y condiciones ambientales de producción.
La hoja de ruta se organiza alrededor de cinco oportunidades sectoriales: usos agrícolas, biomateriales, minerales críticos, productos alimentarios y alimentación animal, y biocombustibles. En cada caso, el enfoque no se limita a describir posibilidades de mercado, sino que incorpora madurez científica, desafíos de ingeniería y producción, barreras de financiamiento, condiciones regulatorias y consideraciones sociales y ambientales.
El documento digital también reconoce que la acuicultura de algas ya es una actividad global relevante, especialmente en alimentos e hidrocoloides. Sin embargo, llevar productos de algas hacia aplicaciones climáticas de mayor escala requiere expansión productiva, tecnologías más refinadas para cultivar, cosechar y manejar biomasa, y sistemas capaces de asegurar trazabilidad y desempeño ambiental.
Para Fundación Argentina ASE, el interés de esta herramienta reside en su manera de ordenar una discusión que suele oscilar entre entusiasmo tecnológico y desconfianza ambiental. Las soluciones oceánicas basadas en biomasa pueden abrir oportunidades, pero necesitan gobernanza, datos, evaluación ecosistémica y criterios de uso territorial que eviten impactos no deseados sobre comunidades costeras y sistemas marinos.
La hoja de ruta fue desarrollada con aportes de un consejo asesor que incluyó a Ling Cao, de Xiamen University; Peter Green, de Hatch Blue; Rod Fujita, anteriormente vinculado a Environmental Defense Fund; y Simon Freeman, de Wetstone, anteriormente asociado al programa ARPA-E Mariner. Esa composición muestra la necesidad de cruzar investigación, inversión, experiencia ambiental y conocimiento de desarrollo tecnológico.
Ocean Visions plantea el recurso como una herramienta evolutiva, que será actualizada a medida que avancen la ciencia, la tecnología, los mercados y las políticas vinculadas al sector de algas. Esa condición es importante: en áreas emergentes, la información cambia con rapidez y las decisiones responsables dependen de revisar supuestos, validar resultados y corregir trayectorias.
Para países australes, sudamericanos y emergentes, la agenda de algas y océanos invita a pensar capacidades propias antes que recetas importadas. La discusión debe integrar biodiversidad marina, desarrollo costero, producción sustentable, empleo, monitoreo ambiental e innovación. En ese cruce, ASE identifica una conversación estratégica: cómo aprovechar el conocimiento del mar para impulsar soluciones climáticas que sean técnicamente viables, socialmente legítimas y ambientalmente cuidadosas.