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Ecuador mantenía seis incendios forestales activos al 27 de septiembre

Cuatro focos estaban en Chimborazo y uno en Carchi y Azuay, mientras otros dos permanecían controlados bajo vigilancia. Entre enero y el 18 de septiembre se habían contabilizado 3.550 incendios y 21.803,86 hectáreas de cobertura vegetal afectadas.

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Ecuador mantenía seis incendios forestales activos el domingo 27 de septiembre, según el corte de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos. Cuatro se concentraban en Chimborazo, distribuidos entre Riobamba y Colta; uno se localizaba en Tulcán, provincia de Carchi; y otro en Nabón, Azuay. El balance describe una situación horaria y debía actualizarse con el trabajo en terreno.

Otros dos incendios figuraban como controlados en Carchi y Bolívar. Esa categoría indica que los equipos lograron frenar la propagación, pero no equivale a liquidación. Puntos calientes, viento y vegetación seca pueden reactivar un perímetro, por lo que bomberos y organismos de riesgo mantienen inspección, enfriamiento y vigilancia incluso después de contener las llamas.

La temporada ya había acumulado una presión considerable. Entre el 1 de enero y el 18 de septiembre se registraron 3.550 incendios en 20 provincias, 117 cantones y 543 parroquias. La superficie de cobertura vegetal afectada alcanzaba 21.803,86 hectáreas. Son cifras nacionales acumuladas y no deben sumarse otra vez a las seis emergencias activas sin conocer la actualización oficial.

El mismo reporte previo contabilizaba dos personas fallecidas, 14 heridas, 82 damnificadas y 103 afectadas, además de nueve viviendas destruidas y catorce con daños. Esas categorías humanitarias miden impactos distintos y pueden incluir momentos diferentes de la temporada. Mantenerlas separadas evita convertir un balance administrativo en una cifra de víctimas duplicada o definitiva.

La Sierra concentra históricamente gran parte de los incendios ecuatorianos: un documento ambiental citado por la fuente señala que más de 80 % de los eventos entre 2012 y 2019 ocurrieron en esa región. Pendientes, pajonales secos, viento y accesos difíciles complican el combate. La recurrencia, sin embargo, no demuestra la causa de ignición de cada foco, que debe investigarse individualmente.

La respuesta coordina a la Secretaría, cuerpos de bomberos, gobiernos locales y otras instituciones del sistema descentralizado de riesgos. La prioridad inmediata es proteger población, brigadistas, infraestructura y fuentes de agua. Después del control debe evaluarse erosión, pérdida de suelo, afectación a páramos y bosques, mortalidad de fauna y necesidad de restauración, evitando intervenciones que dañen la regeneración natural.

La disminución desde doce incendios activos el 21 de septiembre hasta seis el día 27 sugiere avances operativos, pero no cierra la temporada. El indicador correcto es el estado de cada perímetro y su liquidación confirmada. Prevención significa restringir quemas en condiciones críticas, sostener alertas, investigar igniciones, preparar comunidades y manejar combustibles sin confundir un incendio controlado con un paisaje recuperado.