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El regreso del carbón eleva 4% las emisiones eléctricas de Estados Unidos

Las emisiones del sector eléctrico estadounidense aumentaron 58 millones de toneladas de CO2 en 2025: la demanda récord por calor, centros de datos e industria impulsó la generación, y el salto del carbón superó el efecto de la expansión solar y eólica.

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Las emisiones de dióxido de carbono del sector eléctrico de Estados Unidos aumentaron un 4% en 2025 y agregaron 58 millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera. El balance difundido por la Administración de Información Energética muestra que el incremento no provino de una contracción de la transición renovable, sino de una demanda eléctrica que creció con suficiente rapidez como para reactivar el uso del carbón.

En el conjunto de la economía, las emisiones de CO2 relacionadas con la energía subieron un 2% frente a 2024, equivalente a unos 115 millones de toneladas métricas adicionales. La mitad de ese aumento se concentró, por lo tanto, en la generación eléctrica. Transporte e industria registraron variaciones menores porque las mejoras de eficiencia y el cambio hacia combustibles menos intensivos en carbono limitaron su crecimiento.

La generación eléctrica neta total aumentó un 3% y marcó un nuevo récord anual. Las olas de calor elevaron la demanda máxima de refrigeración, mientras la rápida expansión de centros de datos y nuevas instalaciones manufactureras empujó hacia arriba el consumo de base. La combinación obligó al sistema a producir más energía tanto durante los picos estivales como de manera sostenida a lo largo del año.

El carbón cubrió una parte decisiva de esa demanda adicional. La generación a carbón saltó un 13% y sus emisiones asociadas crecieron en 78 millones de toneladas métricas de CO2. Ese volumen fue mayor que el aumento neto de todo el sector eléctrico, lo que permite identificar al rebote del combustible como el principal factor detrás del deterioro anual.

El gas natural se movió en la dirección contraria, pero no compensó el incremento del carbón. La generación a gas cayó un 4% y redujo sus emisiones en 23 millones de toneladas métricas. La diferencia entre ambos combustibles muestra que el cambio en la composición térmica fue tan importante como el crecimiento de la demanda total: la menor utilización del gas coincidió con un uso mucho mayor del combustible fósil más intensivo en carbono.

Las renovables siguieron expandiéndose con fuerza. La generación eólica aumentó un 3% y la solar se disparó un 34%, aportes que moderaron parcialmente el aumento de emisiones. Sin embargo, su crecimiento no alcanzó para absorber a la vez el nuevo consumo y el desplazamiento hacia el carbón dentro de la generación fósil, por lo que una expansión limpia considerable convivió con un resultado climático peor.

El informe describe un resultado anual ya consolidado, pero no incorpora una política correctiva específica ni un calendario adicional de retiro de centrales a carbón. La próxima prueba para el sistema eléctrico será la composición de la nueva oferta que atienda el crecimiento de los centros de datos, la manufactura y la refrigeración durante olas de calor: si la generación adicional vuelve a depender del carbón, el aumento de la capacidad eólica y solar puede seguir siendo insuficiente para reducir las emisiones totales.