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El Rin iguala su mínimo navegable y multiplica los costos industriales

El calado navegable en Kaub cayó a unos 25 centímetros, igualando el mínimo de 2018, y podía marcar un nuevo récord. Las barcazas seguían circulando, pero con cerca del 20% de su carga y tarifas de Rotterdam a Karlsruhe más de tres veces superiores a las de fines de junio.

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El río Rin volvió a exponer la fragilidad climática de una de las principales arterias industriales de Europa. La autoridad alemana de navegación interior WSV informó que el calado navegable en el paso crítico de Kaub, cerca de Coblenza, cayó el viernes a unos 25 centímetros, un nivel equivalente al mínimo registrado en 2018.

La medición no significa que el río tenga apenas 25 centímetros de profundidad: la lámina de agua es aproximadamente un metro mayor que el calado navegable de referencia. Sin embargo, ese indicador determina cuánto pueden cargar con seguridad las embarcaciones. La WSV proyectó que el lunes podía alcanzarse un nuevo mínimo de 24 centímetros.

La navegación no se había detenido, pero la operación perdió eficiencia. Tras la ola de calor y la escasez prolongada de lluvias, muchas barcazas circulaban con alrededor del 20% de su capacidad y en Kaub podían transportar cerca de 250 toneladas. Las cargas debían repartirse entre más buques, con recargos para los propietarios de la mercadería.

La tensión se reflejó de inmediato en los precios. El transporte en buque tanque desde Rotterdam hasta Karlsruhe costaba entre 150 y 155 euros por tonelada, frente a 45 euros a fines de junio. La industria buscaba alternativas por carretera y ferrocarril, pero esas rutas también son más caras y no sustituyen fácilmente el volumen del Rin.

El corredor mueve granos, minerales, menas, carbón, combustibles y otros insumos para plantas químicas, siderúrgicas y energéticas. Por eso el bajo nivel no es sólo un problema de transporte: puede alterar inventarios, entregas y ritmos de producción. En 2022, otra sequía ya había provocado cuellos de botella y dificultades productivas en Alemania.

La crisis combina un riesgo inmediato y otro estructural. La lluvia puede aliviar temporalmente el calado, pero las olas de calor y las sequías más intensas obligan a revisar flotas, depósitos y cadenas logísticas. Barcos de menor calado, reservas de materias primas y rutas alternativas reducen exposición, aunque elevan costos y trasladan carga a redes terrestres congestionadas.

Los próximos movimientos dependen del nivel en Kaub y de las previsiones meteorológicas, pero la señal para empresas y autoridades ya es clara: la adaptación del transporte fluvial debe pasar de respuesta de emergencia a planificación permanente. Mantener la competitividad industrial requerirá información hidrológica anticipada, infraestructura multimodal y decisiones que reduzcan al mismo tiempo las emisiones que agravan el calentamiento.