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Venezuela teme que El Niño agrave una crisis crónica de electricidad y agua

El gobierno pidió ahorrar recursos ante una posible sequía, mientras regiones enteras ya soportan cortes eléctricos de hasta diez horas y suministro intermitente de agua. Expertos advierten que el fenómeno climático sería un agravante, no la causa de una red deteriorada por años de baja inversión y mantenimiento tardío.

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El gobierno de Venezuela pidió a la población ahorrar electricidad y agua ante la posibilidad de una sequía asociada con El Niño antes de fin de año. La advertencia llega menos de dos meses después de dos terremotos que dejaron más de 6.000 muertos y dañaron ciudades e infraestructuras. Para quienes ya padecen servicios inestables, el llamado fue leído como anuncio de un racionamiento más severo.

En distintas regiones, hogares y comercios soportan cortes eléctricos de hasta diez horas diarias, fallas de equipos que prolongan apagones durante días y suministro intermitente de agua. La convocatoria a conservar recursos provocó nuevas protestas. En Valencia, residentes describen interrupciones sin aviso, ascensores inmovilizados y noches sin ventilación en medio del calor.

La red dispone de menos de 13.000 megavatios sobre 36.000 MW instalados y mantiene una brecha superior a 1.500 MW entre oferta y demanda. Cerca del 90% de la capacidad térmica está fuera de servicio por años de baja inversión y mantenimiento demorado. Esa pérdida elevó a más del 80% la dependencia de la hidroelectricidad, especialmente del complejo de Guri.

La presidenta interina Delcy Rodríguez prometió recuperar hasta 4.800 MW antes de finalizar 2026 mediante contratos con GE Vernova e IMPSA para modernizaciones y nuevas turbinas. La cifra describe capacidad instalada que se pretende restablecer, no generación ya disponible. Incumplimientos de anuncios anteriores explican el escepticismo de usuarios y sectores productivos.

Especialistas del sector separan dos problemas. El Niño y una eventual sequía pueden reducir aportes hidroeléctricos, aumentar incendios y afectar la agricultura; pero la crisis de servicios precede al fenómeno. El déficit estructural surge de generación térmica indisponible y líneas de transmisión y distribución deterioradas, incapaces de responder a picos de demanda.

Las restricciones ya interfieren con la recuperación posterior a los sismos. Caracas ordenó apagar ascensores de oficinas y centros comerciales tres horas por día, mientras algunos organismos redujeron la atención a tres jornadas semanales. Hospitales y clínicas refuerzan emergencias con generadores; fábricas, comercios y explotaciones agrícolas anticipan menor producción e ingresos si el suministro empeora.

La Guaira concentra la vulnerabilidad: familias desplazadas viven en carpas frente a edificios dañados, a veces sin agua corriente y con apenas un cable para una lámpara y un ventilador. La respuesta deberá medirse en megavatios efectivamente recuperados, horas reales de servicio, caudal de agua y atención a damnificados. Atribuir todo a El Niño ocultaría la reparación estructural pendiente.