Las autoridades declararon la calamidad pública en Villa de Leyva, uno de los destinos coloniales más conocidos de Colombia, mientras un incendio avanzaba por las montañas que rodean la localidad de Boyacá. El fuego comenzó el sábado y, al cierre del reporte de AP, había afectado unas 290 hectáreas de vegetación y estaba controlado en aproximadamente 50 %.
Los fuertes vientos complicaron las tareas y en algunos momentos empujaron las llamas hacia sectores poblados. El municipio suspendió las clases presenciales y realizó evacuaciones preventivas, incluidos hoteles próximos al área del incendio. La declaración habilita una coordinación extraordinaria, pero no significa que el riesgo haya terminado ni que todo el perímetro esté contenido.
Más de 400 bomberos, trabajadores de emergencia, residentes y voluntarios participaron en la respuesta. Cuatro helicópteros apoyaron desde el aire y efectuaron unas 170 descargas durante el domingo, con alrededor de 240.000 litros de agua. Esas cifras describen el operativo informado; la eficacia final depende de viento, topografía, combustible disponible y vigilancia de posibles reactivaciones.
El ministro de Ambiente, Fabio Arjona, dijo que datos preliminares de la agencia de gestión del riesgo sugerían un inicio deliberado. La investigación seguía abierta y esa posibilidad no equivale a una causa confirmada ni identifica responsables. Preservar evidencias y separar sospechas iniciales de conclusiones periciales es central tanto para la sanción como para la prevención.
El episodio forma parte de una emergencia más amplia. La unidad nacional de desastres monitoreaba 27 incendios forestales en el país: 19 seguían activos y ocho estaban bajo control. Nueve de los activos se concentraban en Tolima. Además, 279 municipios tenían algún nivel de alerta por incendios y 36 se encontraban en alerta roja.
Entre el 16 de junio y el 6 de agosto, Colombia registró 438 incendios en 191 municipios, con unas 7.153 hectáreas afectadas, según cifras oficiales. La sequedad, las altas temperaturas y el viento elevan la capacidad de propagación. El Niño puede reducir lluvias y aumentar calor en ciertas zonas, pero no demuestra por sí solo el origen de cada foco, que con frecuencia involucra actividad humana.
El balance debe conservar su fecha de corte: 50 % controlado no es extinguido, y un incendio contenido puede reactivarse. Las prioridades inmediatas son proteger población, sostener brigadistas y cerrar el perímetro. Después deberán evaluarse erosión, fuentes de agua, biodiversidad y restauración. La prevención exige alertas tempranas, control de quemas, investigación de causas y manejo de vegetación antes de la temporada de mayor riesgo prevista entre octubre y abril.