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La pérdida de biodiversidad aparece como una señal de riesgo sanitario frente al hantavirus

Un comentario científico plantea que los cambios ambientales, la pérdida de diversidad de roedores, el microbioma de reservorios y los viajes globales deben integrarse en sistemas de alerta temprana bajo el enfoque Una Salud.

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Un comentario científico publicado en Microbiome and One Health vuelve a poner en primer plano una idea central para la agenda ambiental contemporánea: la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas no pueden gestionarse como compartimentos separados. El trabajo vincula la pérdida de biodiversidad y los cambios de uso del suelo con un mayor riesgo de transmisión de hantavirus desde reservorios animales hacia personas.

El artículo, titulado Hantavirus on the South Atlantic: A One Health and Microbiome Perspective on an Emerging Ecological Alert, fue elaborado por Jiahai Lu y difundido por instituciones científicas chinas. Su punto de partida es una alerta ocurrida en un crucero por el Atlántico Sur, donde una embarcación con 147 personas de 23 países se convirtió en un espacio cerrado de amplificación de riesgo, pese a que no se encontraron roedores a bordo.

El hecho es relevante porque muestra que la emergencia zoonótica no depende solo del contacto directo con fauna silvestre. Los viajes internacionales, el ecoturismo, las escalas en sitios remotos y los espacios cerrados pueden conectar territorios, personas y patógenos de maneras difíciles de anticipar. En ese marco, el enfoque Una Salud propone integrar vigilancia humana, animal, ambiental y climática.

La dimensión ecológica aparece con fuerza en la evidencia citada sobre Shaanxi, China. Allí, procesos de consolidación de tierras redujeron la diversidad de roedores en un 53% y favorecieron un escenario de predominio de una especie hospedadora dominante de hantavirus. La simplificación de comunidades biológicas puede eliminar barreras ecológicas y facilitar que ciertos reservorios ganen presencia relativa.

El comentario también destaca el papel del microbioma. Estudios recientes indican que la infección por hantavirus puede modificar el microbioma pulmonar de roedores reservorios, lo que abre una línea de vigilancia preventiva: observar cambios microbianos en hospedadores antes de que el riesgo llegue a las personas. No se trata de una solución única, sino de sumar señales tempranas a sistemas de monitoreo más completos.

Para Fundación Argentina ASE, este tipo de evidencia refuerza una agenda donde biodiversidad, ambiente, producción, turismo y salud pública deben ser pensados juntos. La prevención de enfermedades zoonóticas no empieza solamente en hospitales; también empieza en el ordenamiento territorial, la conservación de ecosistemas, el manejo responsable de ambientes rurales y periurbanos, y la capacidad de producir datos confiables.

El trabajo propone cuatro líneas de acción: coordinación multisectorial Una Salud; vigilancia del microbioma de reservorios; sistemas de alerta que combinen biodiversidad, clima y movilidad humana; y regulaciones sanitarias para viajes informadas por criterios ecológicos, especialmente en cruceros y ecoturismo. La clave es anticipar riesgo sin desalentar de manera automática la actividad turística o científica, sino gestionarla con evidencia.

La lección para los países australes, sudamericanos y emergentes es directa. En territorios con alta biodiversidad, movilidad creciente y cambios acelerados en el uso del suelo, la protección de ecosistemas es también infraestructura sanitaria. Integrar monitoreo ambiental, laboratorios, información climática, salud pública y trabajo comunitario puede convertir señales dispersas en prevención concreta.