El Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada impulsa desde hace más de dos décadas una gestión de residuos centrada en reducir, separar y recuperar materiales cerca de donde se generan. CESTA, considerada la primera organización ambientalista de El Salvador, vincula esa tarea con agroecología, soberanía alimentaria, biodiversidad y organización comunitaria. Desde hace diez años integra el movimiento global Break Free From Plastic.
La organización acompaña a unas 30 comunidades junto con comités de agua y ambiente, organizaciones comunitarias y feministas y pueblos indígenas. El punto de partida es identificar cuánto plástico entra en cocinas, hogares y parcelas productivas y discutir qué usos pueden evitarse. Ese diagnóstico cotidiano convierte un problema abstracto en decisiones sobre compras, almacenamiento, producción y disposición.
Grupos de mujeres recuperadoras recolectan materiales aprovechables, desarrollan pequeños emprendimientos y promueven alternativas a las bolsas desechables. Las bolsas de tela circulan en parques, ferias, mercados y centros comerciales como herramienta práctica y de sensibilización. El objetivo no es responsabilizar sólo al consumidor, sino construir capacidad local mientras se cuestiona la oferta permanente de productos diseñados para pocos minutos de uso.
En un municipio, CESTA acompañó la separación barrio por barrio y trabajó con la autoridad local para que residuos orgánicos y recuperables no terminaran mezclados. El piloto incorporó un centro de acopio y una compostera municipal, redujo materiales enviados a disposición final y mostró potencial de menor gasto. La experiencia no equivale a una transformación nacional, pero ofrece un modelo operativo que requiere educación, organización, presupuesto y voluntad política.
CESTA rechaza que el reciclaje por sí solo pueda resolver una producción creciente de plásticos. Prioriza prevención, reducción y reúso, y propone procesar los materiales cerca de su origen. También forma a funcionarios sobre gestión sustentable y discute rellenos e incineración para que los municipios evalúen costos e impactos completos. Separar mejor ayuda, pero no compensa indefinidamente el aumento de productos descartables.
La organización participó en una propuesta legislativa para retirar gradualmente plásticos de un solo uso durante cinco años y dar tiempo de adaptación a las empresas. La iniciativa quedó detenida después de cambios políticos, por lo que no existe una prohibición nacional derivada de ella. CESTA atribuye parte de la dificultad al poder de la industria y reclama reglas que asignen responsabilidad a quienes producen y se benefician antes de que el material se convierta en residuo.
La dimensión internacional resulta clave porque El Salvador figura entre los principales importadores regionales de residuos plásticos. CESTA pide un tratado global jurídicamente vinculante que cubra todo el ciclo de vida, reduzca producción y descartables y expanda sistemas de reúso. Los indicadores locales serán menos generación, mayor separación limpia, compostaje, ingresos dignos para recuperadoras y menores costos municipales; el éxito estructural dependerá también de modificar decisiones empresariales y comerciales fuera de cada comunidad.