La ONU reconoció a la Articulación por la Restauración del Cerrado, conocida como Araticum, como una de las tres nuevas Referencias Mundiales de Restauración. El anuncio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la FAO se realizó el 26 de agosto durante la COP17 de lucha contra la desertificación, en Mongolia. Las otras iniciativas distinguidas trabajan en el Sahel y Arabia Saudita.
Creada en 2020, Araticum conecta a más de 180 organizaciones y reúne a pueblos indígenas, comunidades quilombolas y locales, agricultores, investigadores e instituciones públicas y privadas. La red respalda proyectos en nueve estados brasileños y el Distrito Federal. Esa arquitectura colaborativa busca coordinar acciones que, aisladas, difícilmente podrían operar a la escala territorial del Cerrado.
Según el balance presentado por la ONU, en junio de 2026 había más de 27.000 hectáreas bajo restauración y se habían recolectado y utilizado semillas de más de 150 especies nativas. Las técnicas incluyen regeneración natural, siembra directa, restauración ecológica y sistemas agroforestales. La combinación importa porque bosques, sabanas y pastizales del bioma no responden a una única receta ni deben convertirse en plantaciones homogéneas.
El objetivo declarado es llevar dos millones de hectáreas a procesos de restauración antes de 2030. La diferencia entre la superficie actual y esa meta muestra la magnitud del desafío: el premio valida un modelo y su potencial, pero no certifica que el resultado futuro ya esté asegurado. Alcanzarlo exigirá financiamiento estable, semillas nativas, equipos locales, acuerdos con propietarios y comunidades, y protección frente a nuevas conversiones del suelo.
El Cerrado ya perdió más de la mitad de su vegetación nativa por la expansión agropecuaria y otras transformaciones territoriales. Su degradación fragmenta hábitats, libera carbono y compromete nacientes que alimentan algunas de las principales cuencas de Brasil. Restaurar su funcionamiento significa recuperar infiltración, suelos, conectividad y diversidad, no sólo aumentar una cifra de hectáreas intervenidas.
La participación de comunidades tradicionales es también una condición de calidad. Sus conocimientos sobre semillas, ciclos del fuego, usos productivos y manejo del territorio pueden reducir errores y distribuir mejor los beneficios. A la vez, la restauración necesita generar ingresos y autonomía sin convertir a quienes conservan el bioma en proveedores precarios de una cadena controlada desde afuera.
El reconocimiento incorpora a Araticum a un sistema internacional de seguimiento de los proyectos emblemáticos. Los indicadores decisivos serán la supervivencia y diversidad de especies nativas, la recuperación del agua y del suelo, la conectividad entre áreas, los empleos e ingresos locales y la permanencia de los resultados. La meta de 2030 sólo será ambientalmente sólida si cada hectárea declarada representa un ecosistema funcional y duradero.