Un equipo de la Universidad del Estado Libre demostró que es posible estimar cuántos grandes kudús viven en una reserva mediante ADN extraído de muestras de estiércol. El estudio de prueba se realizó en la Reserva Natural Doornkloof, en la provincia sudafricana de Cabo Septentrional, y evitó capturar, marcar o incluso observar directamente a los animales.
El método parte de una huella genética individual. Los investigadores recolectan heces frescas, extraen ADN e identifican especie, individuo y sexo. Cuando el mismo perfil aparece en muestreos sucesivos, esa recaptura genética permite aplicar modelos de estimación poblacional. En lugar de poner un dispositivo en el cuerpo del animal, el procedimiento utiliza un rastro que queda en el ambiente.
La estimación genética obtenida para el gran kudú se acercó al conteo ya disponible en Doornkloof. Esa coincidencia es importante porque convierte una idea de laboratorio en una herramienta con potencial operativo para administradores de reservas. El trabajo es considerado el primero en Sudáfrica que repite el muestreo de una misma población silvestre y usa los perfiles individuales de sus heces para calcular su tamaño.
Una sola muestra puede rendir información adicional. Además de distinguir individuos y sexos, el material fecal permite investigar dieta, parásitos y otros indicadores de salud poblacional. Esa combinación puede mejorar decisiones sobre capacidad de carga, estado del hábitat y manejo, especialmente cuando los animales viven en vegetación densa o son nocturnos y los censos aéreos o visuales pierden precisión.
La ventaja ambiental y ética es la baja perturbación. Los equipos pueden recoger el material cuando el animal ya abandonó el sitio, sin perseguirlo, inmovilizarlo ni exponerlo al estrés de la manipulación. La técnica también reduce parte de los riesgos para investigadores y fauna, aunque exige protocolos rigurosos para encontrar muestras frescas, evitar contaminación y obtener ADN de calidad suficiente.
El gran kudú funcionó como especie de prueba, pero el equipo proyecta aplicaciones en animales más elusivos o amenazados, como cerdo hormiguero, hiena parda, conejo ribereño, zorro orejudo y pequeños felinos silvestres. Antes de extender su uso, será necesario validar marcadores, diseño de muestreo, costos y precisión para cada especie y hábitat, ya que la detectabilidad del estiércol y la degradación genética no son uniformes.
Los investigadores ya completaron un muestreo más amplio en toda la reserva y analizan los resultados. La próxima etapa deberá establecer si el procedimiento mantiene su confiabilidad a mayor escala y en poblaciones sin un conteo previo para comparar. Si supera esas pruebas, el ADN ambiental puede dar a las reservas africanas una forma menos invasiva de producir los datos que necesitan para proteger biodiversidad difícil de ver.