El suelo del cinturón aguacatero de Michoacán está perdiendo agua en paralelo con la expansión y la productividad creciente del cultivo. Un estudio publicado en npj Sustainable Agriculture analizó el período 2001–2018 y estimó una tendencia anual de descenso de 38 litros de agua por metro cúbico de suelo en la región conocida como Cinturón de Oro Verde.
La investigación combinó series satelitales de humedad del suelo, productividad primaria, imágenes Landsat e información de campo. El área de estudio comprende 34 municipios y cerca del 29% de la superficie de Michoacán; los datos fueron armonizados para identificar tendencias, puntos de cambio y zonas donde la vegetación se volvía más productiva mientras el suelo se secaba.
Los resultados muestran que el 65% de las tendencias negativas de humedad coincidió espacialmente con plantaciones de aguacate, unas 89.900 hectáreas. A la vez, el 90% de los aumentos de productividad vegetal se superpuso con el cultivo, lo que indica una producción intensiva sostenida por un uso más alto de agua y evapotranspiración.
El equipo calculó una pérdida de 68.400 millones de litros de humedad en la capa superficial, equivalente al 11,3% del agua anual necesaria para la población del estado según la referencia utilizada. También identificó 7.612 reservorios artificiales y ubicó a casi la mitad del cinturón en áreas vulnerables a un descenso mayor.
El reemplazo de bosques de pino y pino-encino modifica el ciclo hídrico más allá del riego directo. Los autores citan evidencia de que el bosque nativo intercepta mucha más lluvia y consume menos agua que los huertos, mientras su hojarasca favorece infiltración y reduce erosión; en los aguacatales, las raíces se concentran cerca de la superficie y la remoción del sotobosque facilita evaporación.
La asociación espacial no demuestra que cada huerto cause por sí solo toda la pérdida, y la serie termina en 2018. El análisis usa sensores con resolución regional, su intervalo de confianza refleja incertidumbre y el propio estudio pide incorporar mejor el cambio climático; aun así, la convergencia entre humedad, uso del suelo, productividad y reservorios señala un riesgo que ya afecta manantiales, consumo doméstico, agricultura de subsistencia y bosques de montaña.
La respuesta no pasa por eliminar un cultivo del que dependen miles de empleos, sino por ordenar su expansión y su agua. Los próximos movimientos deben incluir control de desmontes y captaciones ilegales, balances hídricos por cuenca, trazabilidad para exportación, restauración de bosque y prácticas que mantengan cobertura del suelo; sin esos límites, la degradación puede terminar reduciendo también la viabilidad futura del propio aguacate.