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Perú validó nueve proyectos por más de S/ 3.500 millones para restaurar la cuenca del Rímac

La Autoridad Nacional del Agua validó una cartera multisectorial para saneamiento, recuperación ecosistémica y reducción de riesgos, y ya opera siete estaciones automáticas de calidad y cantidad de agua. La aprobación ordena inversiones prioritarias, pero no significa que los nueve proyectos estén terminados ni que todo el presupuesto haya sido desembolsado.

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Perú validó una cartera de nueve proyectos multisectoriales por más de S/ 3.500 millones para restaurar la cuenca del río Rímac, principal fuente hídrica de Lima y Callao. La Autoridad Nacional del Agua presentó el avance al cumplirse el primer año del Decreto Supremo 014-2025-MIDAGRI, que declaró la restauración de interés nacional y le encargó coordinar a las entidades responsables.

La cifra representa el valor de una cartera priorizada, no un único desembolso ni nueve obras ya concluidas. Las intervenciones combinan mejora de la calidad del agua, expansión de agua potable y alcantarillado, recuperación de ecosistemas degradados, regulación hídrica y reducción de riesgos por inundaciones, erosión y movimientos de masa. El alcance responde a una cuenca que abastece a más de once millones de personas, según la comunicación oficial de la ANA.

Entre los proyectos de mayor magnitud figuran la ampliación de los sistemas de agua potable y alcantarillado en Cajamarquilla, Nievería y Cerro Camote, por más de S/ 1.218 millones; una intervención de más de S/ 1.608 millones para reducir erosión e inundaciones; y obras de protección en quebradas por encima de S/ 207 millones. La cartera también contempla servicios ecosistémicos en microcuencas afectadas por pasivos ambientales mineros.

En paralelo, siete estaciones automáticas ya registran en tiempo real la calidad y cantidad de agua en Lurigancho-Chosica, Santa Eulalia, San Mateo, Huanza y Carampoma. La información se incorporará progresivamente al Observatorio del Agua de la ANA y debe fortalecer la vigilancia, la identificación de cambios y las decisiones operativas. La meta institucional es cerrar 2026 con catorce estaciones en funcionamiento.

La restauración requiere coordinación porque las fuentes de contaminación, las carencias de saneamiento y los riesgos físicos atraviesan municipios y sectores. La ANA consolidó un equipo técnico multidisciplinario y formalizó puntos focales con la Presidencia del Consejo de Ministros, varios ministerios, la Autoridad Nacional de Infraestructura, el OEFA, Sedapal, los gobiernos regionales de Lima y Callao y veinticinco gobiernos locales de la cuenca.

El monitoreo automático mejora la base de evidencia, pero no reemplaza las plantas, las redes de saneamiento, la remediación de pasivos ni el control efectivo de vertimientos. Tampoco basta con validar una cartera: cada proyecto necesita diseño definitivo, financiamiento asegurado, contratación, permisos, cronograma y seguimiento público. La multiplicidad de organismos puede aportar capacidades, aunque también eleva el riesgo de demoras o responsabilidades fragmentadas.

Las próximas pruebas serán convertir las prioridades en obras ejecutables, duplicar la red de estaciones durante 2026 y publicar indicadores comparables sobre calidad del agua, ecosistemas y reducción de riesgos. El monto superior a S/ 3.500 millones dimensiona el esfuerzo previsto, pero el éxito se medirá en contaminación evitada, servicios ampliados y comunidades más protegidas, no sólo en presupuesto anunciado o equipamiento instalado.

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