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El smog de Punjab amenaza a la fauna en medio de un vacío crítico de monitoreo

La contaminación invernal de Pakistán tiene mecanismos plausibles de daño para aves y mamíferos, pero faltan series regionales que midan mortalidad, reproducción y migración. Expertos reclaman biomonitoreo multianual bajo un enfoque One Health.

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Cada noviembre, una mezcla de partículas finas, ozono, óxidos de nitrógeno, metales y compuestos orgánicos queda atrapada sobre Punjab, en Pakistán. La emergencia sanitaria de más de 20 millones de habitantes está ampliamente documentada, pero la exposición de aves, mamíferos y otras especies sigue casi fuera del sistema de observación. El problema no es ausencia de riesgo, sino ausencia de datos capaces de medirlo a escala regional.

La asimetría es visible. Un estudio de base de 2023 siguió diez establecimientos ganaderos de Lahore y Kasur, con entre 90 y 275 animales cada uno, y midió partículas, dióxido de carbono, elementos traza e incluso patógenos oportunistas dentro de los galpones. Un ave silvestre posada fuera de esas instalaciones, en cambio, queda sin seguimiento equivalente por falta de equipos, calibración anual, presupuesto y voluntad institucional.

La contaminación se origina durante todo el año en el tránsito, la industria y miles de hornos de ladrillo, y aumenta cuando se queman rastrojos antes de la siembra de invierno. Con el descenso de temperatura, una inversión térmica encierra el aire frío cerca del suelo y los vientos débiles impiden la dispersión. En enero de 2026, Lahore superó un índice de calidad del aire de 500; en 2025, la media nacional de PM2,5 fue más de trece veces la guía de la OMS.

La evidencia fisiológica ofrece rutas claras de daño, aunque no reemplaza censos de poblaciones silvestres. Las partículas y el ozono penetran el sistema respiratorio, inflaman tejidos, limitan el oxígeno y pueden agravar enfermedades previas; ciertos componentes también actúan como disruptores endocrinos. Clínicas veterinarias de Lahore informan más aves y animales con estornudos, secreción nasal, irritación ocular, letargo y respiración trabajosa durante los episodios de smog.

El impacto puede extenderse al comportamiento y a las redes tróficas. La baja visibilidad dificulta que depredadores cacen y herbívoros encuentren alimento; contaminantes depositados en hojas y agua permanecen después del invierno. Para aves migratorias que usan estrellas, olores o campos magnéticos, la niebla tóxica puede interferir con la orientación, pero todavía no existe una estimación que separe su efecto de la pérdida de hábitat y otras presiones sobre la ruta del Indo.

El Departamento de Vida Silvestre de Punjab sostiene que vigila sitios migratorios y animales cautivos y señala que las especies nativas poseen cierta resiliencia. Esa capacidad de adaptación no prueba que la exposición sea inocua, especialmente para juveniles, individuos enfermos o especies que atraviesan largas migraciones. Del mismo modo, la caída observada en visitantes migratorios no puede atribuirse exclusivamente al smog mientras falten series comparables de salud, abundancia y contaminantes.

La respuesta propuesta es un programa One Health que mida en conjunto aire, personas, animales domésticos, fauna, vegetación y agua. Harían falta estaciones de escala regional, necropsias y marcadores biológicos, seguimiento de rutas y reproducción, y datos abiertos durante varios años. Mientras se construye esa evidencia, el principio precautorio exige reducir emisiones de transporte, industria, ladrilleras y quema agrícola, en lugar de interpretar el vacío estadístico como señal de seguridad.