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La sequía cruza un umbral crítico en Gales tras un julio casi sin lluvias

El norte de Gales y la cuenca alta del Severn entraron oficialmente en sequía después de recibir menos del 2% de la lluvia esperada para julio, con ríos en mínimos, incendios activos y daños crecientes sobre hábitats, cultivos y fauna.

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El norte de Gales y la cuenca alta del río Severn entraron oficialmente en sequía después de una sucesión de olas de calor, caudales fluviales excepcionalmente bajos e incendios extendidos. Natural Resources Wales declaró el nuevo estado mientras el resto del país permanece bajo condiciones secas prolongadas, una señal de que el déficit hídrico ya dejó de ser un episodio meteorológico aislado y comenzó a afectar simultáneamente al territorio, los ecosistemas y las actividades productivas.

Las dos zonas declaradas en sequía habían recibido menos del 2% de la precipitación esperada para julio. Los ríos Clwyd, Alwen, Alyn, Clywedog, Dyfi y Conwy, en el norte galés, y el Wye registraron nuevos mínimos mensuales o se acercaron a sus niveles históricos más bajos. Si la tendencia se mantiene, julio será el mes más seco observado en Gales en casi dos siglos.

La declaración no depende de un único umbral numérico. La autoridad ambiental combina la falta significativa de lluvia y de agua disponible con sus efectos sobre ríos, acuíferos, ecosistemas, agricultura y manejo del suelo. Una semana antes, el norte y el sudeste de Gales habían pasado a la etapa previa de “tiempo seco prolongado”, que activó controles adicionales en cursos de agua y sitios protegidos, además de liberaciones de agua desde embalses para sostener ríos debilitados.

Los incendios convirtieron la escasez de agua en una emergencia visible. Varios focos seguían activos después de más de una semana y el gobierno galés activó planes de crisis ante la extensión del fuego y la preocupación por la disponibilidad de helicópteros para combatirlo. La vegetación reseca amplía el riesgo de propagación, al mismo tiempo que la respuesta contra el fuego aumenta la presión operativa sobre los recursos hídricos.

Los impactos ya alcanzan a peces, fauna silvestre, cultivos y hábitats sensibles. Los caudales reducidos disminuyen el espacio disponible y deterioran la calidad ambiental de los ríos, mientras el agua subterránea continúa descendiendo. También aumentan los reportes de daños sobre pesquerías y explotaciones agrícolas, por lo que la sequía combina una crisis ecológica con pérdidas potenciales para la producción de alimentos y la gestión rural.

Los embalses administrados por Welsh Water conservan, en términos generales, niveles saludables, pero esa reserva no eliminó la necesidad de restringir el consumo. Ya rige una prohibición de usar mangueras en partes del oeste de Gales y, para el fin de semana, unas 23 millones de personas estarán alcanzadas por medidas semejantes en Inglaterra y Gales. Inglaterra recibió apenas el 3% de su lluvia media de largo plazo para julio, mientras el sur y el este no registraron precipitaciones, en la racha seca más extensa desde mediados de la década de 1990.

La agricultura comenzó a adaptarse antes de que termine la temporada. Productores adelantaron las cosechas y fueron advertidos de que los rendimientos de cereales serán inferiores a lo previsto. El antecedente inmediato muestra que la recuperación puede prolongarse: la sequía declarada el verano pasado en gran parte de Inglaterra, Gales y el este de Escocia recién terminó oficialmente en marzo, después de que un otoño y un invierno húmedos repusieran ríos y embalses.

El horizonte climático vuelve más estructural el problema. La proyección meteorológica para el Reino Unido indica que, hacia 2070, los veranos podrían ser entre 1 °C y 6 °C más cálidos y hasta un 60% más secos que en 1990. Los próximos movimientos ya están definidos por la emergencia: seguimiento reforzado de ríos, acuíferos y sitios protegidos, liberaciones de embalses donde sean necesarias, restricciones de consumo y una revisión más profunda de la capacidad del sistema hídrico para conservar el agua y resistir veranos extremos.