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El derrame de 70.300 litros de hidrosulfuro en Sonora abre una alerta hídrica transfronteriza

El descarrilamiento de un tren de Ferromex vertió hidrosulfuro de sodio en el cauce de un arroyo de Naco. Ferromex deberá caracterizar al menos tres kilómetros y remediar el sitio, mientras análisis de suelo, biota y agua determinan si las lluvias extendieron la contaminación hacia la cuenca alta del río San Pedro.

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El descarrilamiento de un tren de carga de Ferromex en el tramo Cananea–Agua Prieta convirtió un arroyo del municipio de Naco, Sonora, en el centro de una emergencia química. El carro tanque transportaba 72.000 litros de hidrosulfuro de sodio y aproximadamente 70.300 terminaron en el cauce. El convoy también llevaba tres góndolas con unas 240 toneladas de concentrado de cobre, retirado posteriormente por la empresa bajo supervisión federal.

El accidente ocurrió la noche del 25 de julio cerca del ejido Cuauhtémoc, a unos 20 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) delimitó inicialmente 5.207 metros cuadrados de impacto directo, pero aclaró que la extensión potencial sólo podrá establecerse mediante estudios. La Secretaría de Medio Ambiente clausuró temporalmente el sitio y ordenó a Ferromex caracterizar como mínimo tres kilómetros del cauce antes de presentar un programa de remediación.

El hidrosulfuro de sodio es un compuesto corrosivo utilizado, entre otros procesos, en minería, papel y tratamiento de aguas. El contacto con agua y ácidos puede liberar sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico que afecta ojos, piel y vías respiratorias y que, a concentraciones elevadas, puede causar lesiones graves. Una persona expuesta a los vapores fue hospitalizada en estado crítico, según reportes sanitarios recogidos por medios locales y especialistas consultados sobre el episodio.

Las lluvias durante y después del derrame complicaron la contención. Barreras instaladas en el arroyo cedieron y el agua movilizó parte del material, de acuerdo con la información disponible. El hidrólogo Agustín Robles Morúa, del Instituto Tecnológico de Sonora, advirtió que el escurrimiento se encuentra en las cabeceras de drenajes conectados con la cuenca alta del río San Pedro, uno de los pocos ríos que fluyen desde Sonora hacia Arizona.

Esa conexión no prueba que exista contaminación transfronteriza. Hasta el corte de la información, ninguna evaluación oficial había identificado impactos en Arizona, en comunidades cercanas ni en el propio río San Pedro. Sin embargo, el Departamento de Calidad Ambiental de Arizona coordinaba el seguimiento con autoridades mexicanas y estadounidenses. El riesgo que debe descartarse incluye una pluma más lenta en sedimentos y aguas subterráneas, además de efectos agudos sobre peces, artrópodos y otros organismos acuáticos.

Profepa e INECC tomaron ocho muestras de suelo por duplicado y 18 muestras de artropodofauna en cinco puntos. Los sobrevuelos con drones cubrieron diez kilómetros sin encontrar evidencia superficial del producto, pero la autoridad subrayó que esa ausencia visual no descarta contaminación. Inspectores verificaron el retiro de suelo afectado y el trasvase de 1.700 litros que permanecían en el tanque; los análisis de laboratorio definirán qué debe removerse, tratarse o restaurarse.

La obligación de Ferromex no termina con la limpieza visible. La compañía deberá retirar vagones e infraestructura contaminada, documentar las tareas, presentar la caracterización y ejecutar un plan aprobado por la autoridad. Comunidades de Sonora reclaman transparencia por el antecedente del derrame del río Sonora de 2014, aunque ambos episodios difieren en sustancia y escala. Los próximos datos decisivos serán los resultados de suelo, agua, biota y subsuelo, junto con un programa público que permita verificar la remediación y cualquier reparación a personas afectadas.

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