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Los montes submarinos de Juan Fernández siguen dañados 25 años después del arrastre

Un estudio comparó tres montes sometidos a pesca de arrastre con el monte Solito, sin señales de esa actividad. Los corales vivos, las esponjas y la diversidad no se recompusieron, aun después de más de un cuarto de siglo sin arrastre.

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Los montes submarinos que rodean el archipiélago chileno de Juan Fernández todavía conservan las huellas de la pesca de arrastre de fondo más de 25 años después de que esa actividad cesara en el área. La nueva investigación, publicada en Deep-Sea Research, aporta la primera evaluación científica en Chile sobre la persistencia de este daño en ecosistemas profundos.

El equipo estudió cuatro montes durante una expedición realizada en 2024 a bordo del buque R/V Falkor, del Schmidt Ocean Institute. Mediante el vehículo operado remotamente SuBastian, los investigadores observaron ambientes situados a más de 700 metros y compararon tres montes con antecedentes de arrastre con Solito, un monte ecológicamente semejante donde no se registraron señales de esa pesca.

La diferencia fue marcada. Solito mantenía jardines de corales de profundidad, esponjas abundantes y una comunidad diversa de invertebrados; los montes arrastrados mostraban menor cobertura de coral vivo, biodiversidad reducida, estructuras de hábitat simplificadas y marcas lineales de perturbación sobre el fondo.

La recuperación es especialmente lenta porque muchos corales profundos crecen durante siglos y algunos pueden vivir miles de años. Estas colonias actúan como ingenieras del ecosistema: forman refugios, áreas de alimentación y espacios de cría que una red pesada puede destruir en horas y que el océano no recompone en escalas compatibles con una generación humana.

El deterioro no afecta sólo a especies poco visibles. La presencia de corales vivos sostiene biomasa de invertebrados y beneficia a crustáceos de valor comercial, entre ellos el cangrejo dorado chileno y la langosta espinosa de Juan Fernández. Proteger el relieve y la complejidad del fondo también contribuye, por lo tanto, a la base ecológica de pesquerías artesanales.

Chile prohibió en 2012 la pesca de arrastre sobre 117 montes submarinos, pero la actividad continúa en otras partes de sus aguas y se dirige a merluzas y crustáceos. El estudio muestra que cerrar un área después de un daño severo no garantiza su pronta reparación: bajo las directrices de la FAO, impactos que persisten entre cinco y veinte años ya se consideran adversos y significativos, mientras que en Juan Fernández superan los 25.

El próximo desafío es convertir esta evidencia en prevención, vigilancia y seguimiento de largo plazo. Se necesitan líneas de base antes de autorizar actividad sobre fondos vulnerables, control efectivo de las áreas protegidas y nuevas observaciones que permitan medir si comienza alguna recuperación; cuando la restauración natural puede tardar siglos, evitar la primera alteración resulta mucho más eficaz que intentar repararla.