La 17ª Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación se celebrará en Ulán Bator, Mongolia, del 17 al 28 de agosto. Bajo el lema «Restaurar la tierra. Restaurar la esperanza», la COP17 llega con una agenda amplia y sin resultados todavía: al inicio de la reunión, compromisos, decisiones y recursos siguen sujetos a negociación.
La convocatoria reunirá a delegados de las 197 Partes de la Convención junto con gobiernos, empresas, sociedad civil, científicos, jóvenes, pueblos indígenas, pastores y pequeños productores. Esa diversidad importa porque la degradación no es sólo un asunto ambiental: modifica ingresos rurales, disponibilidad de agua, seguridad alimentaria, migración y exposición a sequías y tormentas de polvo.
La UNCCD estima que hasta 40% de las tierras del mundo están degradadas. La cifra no describe un único proceso: incluye pérdida de fertilidad y materia orgánica, erosión, salinización, deterioro de la vegetación y menor capacidad de los ecosistemas para sostener producción y almacenar carbono. Restaurar exige combinar reglas territoriales, conocimiento local, inversión y seguimiento prolongado.
Mongolia vuelve visible la escala del desafío. El país ocupa 1,56 millones de kilómetros cuadrados y cerca de 77% de su superficie está degradada, según la información oficial de la conferencia. El pastoreo, la aridez, la variabilidad climática y la presión sobre los suelos se cruzan en un territorio donde las decisiones sobre tierra afectan directamente a comunidades móviles y rurales.
Los pastizales tendrán un lugar central durante el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. Esos ecosistemas cubren más de la mitad de la superficie terrestre, sostienen de forma directa los medios de vida de unos 500 millones de personas y aportan una sexta parte de la alimentación mundial. Su restauración no puede reducirse a plantar árboles: requiere conservar suelos, agua, biodiversidad y movilidad pastoral.
El programa incluye diálogos ministeriales y jornadas sobre financiación, agua, tierra y personas, sistemas alimentarios y salud del suelo. También abordará seguridad territorial y migración, tormentas de arena y polvo, participación de jóvenes, mujeres, pueblos indígenas y comunidades locales, además de iniciativas empresariales. La discusión clave será traducir prioridades en instrumentos financiables y verificables.
Mongolia exhibirá su campaña de mil millones de árboles para 2030 y las plataformas Youth4Land y Business4Land, mientras la presidencia impulsa una Agenda de Acción Riad-Ulán Bator. Pero los anuncios no equivalen a restauración. El balance posterior deberá examinar metas acordadas, dinero movilizado, derechos protegidos, indicadores comunes y mecanismos capaces de demostrar mejoras duraderas sobre el terreno.