Actualidad ASE
Actualidad ASE

Zorros Patagónicos transforma vidrio de Loncopué en materiales de construcción

Eco-Terrazo Loncopué ganó HackaNeuquén Episodio III con 92,18 puntos. La propuesta tritura vidrio en frío y lo incorpora a matrices cementicias para producir baldosas, revestimientos y piezas locales, reduciendo traslados; el paso siguiente será validar seguridad, calidad, costos y mercado.

ASE AUDIO

Escuchar este artículo

Listo para escuchar

El equipo interdisciplinario Zorros Patagónicos obtuvo el primer puesto de HackaNeuquén Episodio III con Eco-Terrazo Loncopué, una propuesta para convertir vidrio descartado en materiales de construcción dentro de la localidad. El proyecto sumó 92,18 puntos en la final del 22 de agosto, realizada en la Universidad Nacional del Comahue, y respondió a un problema concreto de la gestión municipal de residuos.

Guillermo Chávez, Joaquín Chávez, Camila Tolosa, Alexis Luciano Vargas Tupa y Martina Dinamarca combinaron formación en ingeniería química, enfermería, arquitectura, petróleo y ciencias médicas. Entre 17 equipos finalistas, cuatro eligieron el desafío formulado por organismos provinciales y el municipio: transformar el vidrio en un recurso sin trasladarlo fuera de Loncopué. La diversidad del grupo permitió conectar tecnología, salud, diseño y producción.

El obstáculo es económico además de ambiental. En municipios neuquinos alejados de plantas industriales, el vidrio recuperado tiene bajo precio y gran peso, por lo que el transporte puede costar más que su venta. El material termina almacenado durante largos períodos, pierde posibilidades de valorización o vuelve a la disposición final. Fundirlo de manera convencional exige hornos, energía e infraestructura difíciles de sostener a escala local.

Eco-Terrazo propone clasificar y triturar el vidrio en frío, sin llevarlo a temperaturas de fusión, y luego incorporarlo a matrices cementicias. Con esa mezcla podrían fabricarse baldosas, revestimientos y piezas para piletas o bachas. La ruta reduce traslados y evita la etapa térmica del reciclaje tradicional, pero no elimina todos los impactos: cemento, trituración, agua y acabados también consumen recursos y deben incluirse en el balance.

El modelo busca ser apropiable por la comunidad mediante cooperativas locales y el Centro de Formación Profesional N.º 8. Si funciona, el residuo pasaría a ser insumo para productos con valor y podría abrir empleos verdes en separación, procesamiento, diseño, fabricación y comercialización. Para que la inclusión sea real, deberán definirse capacitación remunerada, condiciones laborales seguras, propiedad del equipamiento y distribución transparente de los ingresos.

Antes de escalar, un piloto debe resolver riesgos técnicos y sanitarios. Hace falta controlar fragmentos cortantes y polvo respirable, separar cerámica, metales y vidrios incompatibles, y ensayar resistencia, absorción, desgaste, adherencia y durabilidad. Los productos deben cumplir normas de construcción y demostrar que no liberan sustancias problemáticas; un análisis de ciclo de vida deberá comparar energía, emisiones y costos con materiales convencionales.

El premio abre una etapa post-hackatón en la que ANIDE y las instituciones participantes prevén acompañar el desarrollo. Los indicadores centrales serán toneladas desviadas de la disposición final, costo por unidad, energía usada, kilómetros de transporte evitados, desempeño de las piezas, ventas y empleos locales estables. Si la validación técnica y comercial confirma la idea, Loncopué puede convertir una desventaja logística en una cadena circular replicable en otros municipios patagónicos.