El embalse Puclaro, en la cuenca chilena del río Elqui, podría alcanzar durante el verano austral sus 200 hectómetros cúbicos de capacidad operativa. Al 14 de agosto almacenaba 53,2 hm³, equivalentes al 26,6%, y el registro de la Junta de Vigilancia llegó a 59,3 hm³ el día 20, o 29,65%. El aumento es importante, aunque la mayor parte del aporte esperado todavía permanece como nieve en la cordillera.
El Laboratorio PROMMRA de la Universidad de La Serena proyectó los caudales de los ríos La Laguna y Cochiguaz y del Estero Derecho. Su escenario central ubica el alcance de 200 hm³ alrededor del 15 de diciembre, pero la banda condicional va del 24 de noviembre de 2026 al 13 de febrero de 2027. El laboratorio subraya que es una proyección analítica, no un pronóstico oficial ni una fecha garantizada.
La señal hidrológica es excepcional: el volumen estimado para los tres tributarios entre septiembre de 2026 y agosto de 2027 sería el tercero más alto de 38 años analizados. La Junta de Vigilancia registró 6,99 metros de nieve acumulada en La Laguna al 20 de agosto. Sin embargo, altura de nieve no equivale directamente a agua disponible; densidad, capas, temperatura y pérdidas determinan cuánto llegará finalmente a los cauces.
El llenado tampoco depende solo del clima. Puclaro y La Laguna regulan agua para consumo, riego y otros usos, de modo que las entregas mensuales, el porcentaje de desmarque acordado por los regantes, los caudales de salida y las reglas de seguridad cambian el volumen almacenado. Un gran afluente puede coincidir con una demanda intensa, y la operación define qué proporción se conserva como reserva para después del verano.
Una recuperación amplia daría mayor previsibilidad a agricultores del Valle del Elqui, sistemas de agua potable y comunidades rurales, y permitiría planificar con menos presión inmediata. El beneficio no autoriza a suponer disponibilidad ilimitada: la distribución debe resguardar consumo humano, producción, calidad del agua y necesidades ecológicas. La eficiencia de canales y riego decidirá cuánto valor social y productivo genera cada metro cúbico.
La Región de Coquimbo arrastra una sequía estructural y una tendencia de aridificación que una temporada húmeda no borra. Un embalse lleno mejora la seguridad superficial, pero no restaura automáticamente acuíferos, suelos, vegetación ni reservas regionales de forma uniforme. El contraste entre el bajo nivel de comienzos de 2026 y la recuperación actual muestra tanto el alivio como la volatilidad que obliga a administrar el excedente con horizonte plurianual.
Los indicadores decisivos serán equivalente en agua de la nieve, temperatura primaveral, caudal de los tributarios, entradas y salidas diarias, almacenamiento útil, calidad hídrica y ritmo de entregas. Publicar esos datos y actualizar los escenarios permitirá corregir expectativas si el deshielo cambia. Puclaro tiene una oportunidad extraordinaria de recuperar reserva; convertirla en seguridad duradera dependerá de monitoreo, transparencia y acuerdos de gestión.