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El Niño y las turberas degradadas agravan la crisis de agua e incendios en Borneo

Tras tres meses sin lluvia, aldeas de Kalimantan enfrentan ríos bajos, agua insegura, incendios de turba y humo tóxico. La sequía de El Niño actúa sobre humedales drenados durante décadas, mientras el Gobierno promete prevención, restauración y mayor control.

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Después de tres meses sin lluvia, habitantes de Penyeladi, en Kalimantan Occidental, ya no pueden depender del río Kapuas para sus necesidades básicas. El cauce más largo de Indonesia, utilizado por más de tres millones de personas, quedó reducido en sectores a una corriente somera y fangosa. Familias como la de Sriwati deben comprar agua porque la disponible no resulta segura para beber ni para lavar el arroz.

La sequía está vinculada a un episodio intenso de El Niño, pero la emergencia no se explica sólo por la variabilidad natural del clima. Décadas de conversión y drenaje de turberas para plantaciones de palma aceitera y concesiones de pulpa y papel redujeron la capacidad del paisaje para almacenar y regular agua. Mighty Earth estima que alrededor del 60 % de las turberas de Kalimantan fue drenado.

Cuando el nivel freático desciende, la turba seca se vuelve altamente inflamable. El fuego puede avanzar bajo tierra, reaparecer lejos del frente visible y resistir los operativos convencionales. La misma escasez que deja a las aldeas sin agua también limita las tareas de extinción. Entre enero y julio, el Ministerio Forestal registró más de 202.000 hectáreas quemadas en Indonesia, casi tres veces la superficie de Singapur.

El humo espeso cubrió áreas de Borneo y viajó más de 800 kilómetros hasta Filipinas. En Malasia superó umbrales de emergencia y obligó a declarar una emergencia local en Sarawak. Japón envió asistencia contra incendios. Esos desplazamientos muestran que las emisiones de una turbera no permanecen en el sitio: afectan salud, transporte y calidad del aire en varias jurisdicciones.

Para las comunidades, la crisis es simultáneamente hídrica, sanitaria y económica. En Sungai Malaya, incendios que llevaban más de un mes destruyeron terrenos donde familias recolectaban helechos para vender. Pescadores y transportistas no pueden navegar donde el Kapuas quedó demasiado bajo, y en otros tramos el humo reduce la visibilidad. Grandes barcazas con frutos de palma quedaron varadas sobre bancos de arena.

El Ministerio Forestal reconoció el efecto negativo de las turberas drenadas, aunque sostuvo que causas y responsabilidades específicas deben determinarse con evidencia y no atribuirse automáticamente a El Niño o a la presencia de empresas. Anunció mayor coordinación, aplicación de leyes contra quemas, patrullas, detección temprana, monitoreo según riesgo, restauración y obligaciones de control para titulares de permisos y comunidades.

La respuesta inmediata requiere agua segura, atención sanitaria y recursos de extinción; la prevención exige elevar nuevamente el agua en las turberas, bloquear drenajes donde corresponda, restaurar vegetación y controlar el fuego antes de la estación seca. También necesita responsabilidades diferenciadas: quienes administran concesiones tienen capacidades distintas a las de una aldea. El Niño encendió la alarma, pero la degradación acumulada determinó cuánto daño podía producir.