La mineria ilegal de oro ha eliminado 7.901 hectareas de bosque, casi 19.500 acres, a lo largo de las cuencas Pure y Purue en la frontera entre Brasil y Colombia, segun un analisis del Proyecto Monitoreo de la Amazonia Andina y el Field Museum. Las imagenes muestran una expansion acelerada alrededor de rios remotos, areas protegidas y territorios de pueblos en aislamiento.
Brasil concentra 92% de la deforestacion detectada. La mineria aparece en la serie satelital desde 2001 y habia afectado unas 980 hectareas al terminar 2021, pero 88% de toda la perdida ocurrio desde 2022. Solo en 2022 y 2023 se abrieron 4.130 hectareas, una aceleracion que coincide con mas dragas, pistas, campamentos y corredores de abastecimiento.
En Colombia, la participacion es menor, 8%, pero mucho mas reciente. Los primeros claros, inferiores a cinco hectareas, fueron detectados en junio de 2024; llegaron a 38 hectareas al cierre de ese año, se duplicaron a comienzos de 2025 y sumaron otras 177 entre enero y mayo de 2026. Toda esa actividad esta dentro del Parque Nacional Natural Rio Pure, donde la mineria esta prohibida.
Vuelos y observaciones de 2024 y 2025 identificaron mas de 50 dragas dentro del parque. La zona protege el territorio de los pueblos Yuri y Passe, que han elegido permanecer aislados. La entrada de mineros eleva riesgos de violencia, enfermedades frente a las que tienen poca inmunidad, contaminacion por mercurio, caza, ruido y ruptura de rutas de movilidad y alimentacion.
Brasil y Colombia realizaron siete operativos desde diciembre de 2023, cuatro en Brasil y tres conjuntos. En algunos puntos se redujeron dragas y campamentos inmediatamente despues, pero la actividad regreso. Los centros de Japura, Maraa y Jutai sostienen combustible, motores, alimentos y transporte, mientras el oro puede salir hacia Manaos. Atacar equipos sin desarticular finanzas y logistica produce pausas, no cierre.
El mapa es evidencia de deforestacion y presencia minera, no una sentencia que individualice responsables. Tambien deja fuera impactos dificiles de ver desde el espacio: mercurio disuelto, sedimentos, peces contaminados, violencia y salud comunitaria. Colombia prohibio el mercurio en la mineria y reforzo normas, pero el uso clandestino persiste y el sistema fluvial conecta ambos lados de la frontera.
La respuesta requiere vigilancia binacional permanente, intercambio rapido de inteligencia, control de combustible y maquinaria, rastreo financiero y proteccion sanitaria de pueblos aislados sin forzar contacto. Los resultados deben medirse por meses sin reactivacion, recuperacion de cauces y seguridad territorial. Mas de 200 intervenciones dispersas no sustituyen una estrategia que corte las cadenas que hacen rentable volver.