Actualidad ASE
Actualidad ASE

Jalisco debate una reforma con compostaje y trazabilidad de residuos

La iniciativa propone separación en origen, plataformas digitales y reciclaje inclusivo para un sistema que valoriza poco. Fue presentada al Congreso en septiembre: plazos, inversiones y empleos son proyecciones, no resultados vigentes.

ASE AUDIO

Escuchar este artículo

Listo para escuchar

Una iniciativa presentada ante el Congreso de Jalisco busca mover la gestión de residuos desde la recolección y el confinamiento hacia la recuperación de materiales. La propuesta, impulsada por la diputada Mariana Casillas con organizaciones y comunidades, combina separación en origen, compostaje, trazabilidad digital, economía circular y reconocimiento a recicladores. Fue ingresada en septiembre de 2026 y todavía no constituye una obligación vigente.

El diagnóstico de Eukariota y Reverdece A.C. estima más de 65.000 toneladas diarias de residuos en el estado: unas 8.000 de residuos urbanos y 57.000 de manejo especial. En el área metropolitana de Guadalajara calcularon 5.100 y 23.000 toneladas, respectivamente. También sostienen que 95% termina en rellenos o cuerpos receptores y que solo tres de cada diez municipios cumplen la norma actual.

Las magnitudes provienen de las organizaciones promotoras y necesitan contraste con registros oficiales y metodologias comparables. Aun así, muestran el vacío que la reforma intenta cerrar. La primera línea reemplazaría la división binaria entre orgánicos e inorgánicos por tres categorías: orgánicos, recuperables y no recuperables, acompañadas por recolección diferenciada, contenedores, vehículos y metas graduales.

El segundo eje impulsa compostaje municipal, comunitario y domestico. La transición de infraestructura podría extenderse hasta seis años. Los promotores calculan que una planta municipal costaría entre tres y nueve millones de pesos mexicanos y generaría de 20 a 120 empleos verdes directos, según capacidad. Son supuestos de proyecto que deben verificarse con costos de suelo, operación, calidad y mercado para la composta.

La trazabilidad es el tercer cambio. Grandes generadores, transportistas, prestadores y destinos autorizados usarían una plataforma digital y manifiestos electrónicos para seguir los residuos desde su origen hasta el tratamiento final. La publicación periódica de datos agregados permitiría detectar desvío, medir recuperación y comparar municipios, siempre que haya controles de calidad, interoperabilidad y sanciones por información falsa o incompleta.

Otros ejes incorporan bioeconomía circular, compras sostenibles, ecodiseño, mercados secundarios y reciclaje inclusivo. El diagnóstico calcula 43.000 toneladas diarias de biorresiduos y otras 40.000 de lodos, con un potencial teórico de 2,9 millones de metros cúbicos diarios de biometano. La iniciativa no propone una industria comercial de ese gas: prioriza bioinsumos, materiales y autoconsumo, distinción necesaria para no inflar beneficios.

La ejecución recaería en 125 municipios con capacidades desiguales y requeriría asistencia estatal, financiamiento, infraestructura y participación de comunidades cercanas a vertederos. También se reformaría el Código Urbano para reservar espacios de separación y compostaje. El debate legislativo debe definir presupuesto, responsabilidades, metas auditables y justicia territorial; sin esos elementos, una arquitectura ambiciosa puede quedar reducida a obligaciones imposibles de cumplir.