Honduras, Guatemala y El Salvador avanzan en una gestión ambiental compartida sobre 313.393 hectáreas de la Región Trifinio, alrededor del punto donde convergen sus fronteras. El área de intervención comprende 33 municipios, 11 áreas protegidas y seis corredores biológicos, una escala que obliga a coordinar normas, autoridades y comunidades de tres países en lugar de administrar cada fragmento por separado.
El proyecto de protección cuenta con 11 millones de euros del banco alemán de desarrollo KfW y una contrapartida conjunta de 3.334.500 euros aportada por los gobiernos involucrados. La Comisión Trinacional del Plan Trifinio administra los recursos y articula a los organismos ambientales nacionales, con un horizonte de ejecución que se extiende hasta 2027.
En el centro del territorio se encuentra la Reserva de Biosfera Transfronteriza Trifinio-Fraternidad, reconocida por el programa El Hombre y la Biosfera de la UNESCO en 2011. Sus bosques nubosos, pinares y ambientes más secos sostienen especies como el quetzal y el puma, pero también regulan la lluvia y alimentan cuencas de las que dependen poblaciones rurales y ciudades aguas abajo, incluida la cuenca del río Lempa.
La estrategia se vincula con el Plan de Manejo 2025–2035 de la reserva y busca que la conectividad deje de ser una declaración general para convertirse en decisiones territoriales. Un mapa de uso y cobertura del suelo armoniza información de los tres países, mientras los modelos de conectividad identifican dónde restaurar hábitats y cómo mantener el movimiento de fauna y el flujo genético entre áreas protegidas.
La participación local es una condición operativa. Talleres realizados en Esquipulas, Ocotepeque y Metapán reunieron a más de 100 personas —un tercio de ellas mujeres— para reconocer valores ecológicos y amenazas como deforestación, cambio de uso del suelo y contaminación. En paralelo, unos 21.000 productores participan en prácticas de agricultura resiliente, conservación de suelos y uso de fertilizantes orgánicos.
El programa combina restauración con alternativas económicas: prevé sistemas agroforestales para café y cultivos básicos, un centro de investigación de suelos en Metapán y formación ligada al turismo sostenible en La Palma. El desafío más delicado es la tenencia de la tierra, porque derechos no esclarecidos pueden bloquear inversiones, limitar la restauración o desplazar a comunidades que dependen de los mismos bosques y fuentes de agua.
Los próximos pasos serán convertir los corredores modelados en prioridades financiadas, sostener la coordinación entre ministerios y municipios y medir resultados más allá de la superficie nominalmente cubierta. La eficacia del esquema se verá en la reducción de la fragmentación, la recuperación de zonas degradadas, la protección efectiva de nacientes y la capacidad de mantener producción y empleo sin seguir erosionando el capital natural compartido.