La imagen del guanaco forma parte del paisaje patagónico. Símbolo de la fauna autóctona y protagonista indiscutido de la estepa, durante décadas fue considerado un emblema de conservación. Sin embargo, para el biólogo y productor rural santacruceño Stuart "Chacho" Blake, el crecimiento sin control de esta especie podría estar empujando a Santa Cruz hacia una crisis ambiental de consecuencias profundas.
Según sus estimaciones, la población de guanacos en la provincia habría pasado de unos 600.000 ejemplares a comienzos de la década de 1990 a cerca de 2 millones en la actualidad. El problema, asegura, no es únicamente productivo. Su advertencia apunta a un escenario mucho más grave: la degradación irreversible de los pastizales y el avance de la desertificación en millones de hectáreas de la estepa patagónica.
Durante siglos, la población de guanacos estuvo regulada por factores naturales: la disponibilidad de agua, los inviernos rigurosos, la acción de los depredadores y la presencia de los pueblos originarios. Pero en las últimas décadas, esos límites fueron desapareciendo. La expansión de la infraestructura ganadera incorporó miles de puntos artificiales de agua en campos donde antes existían apenas unas pocas aguadas naturales. A eso se sumaron inviernos más benignos asociados al cambio climático, una fuerte retracción de la actividad ovina y el abandono de numerosos establecimientos rurales. "Los campos abandonados tienen agua, pero ya no tienen manejo. Son lugares ideales para la multiplicación del guanaco", explica Blake.
La preocupación de Blake comenzó a tomar forma a fines de 2023, cuando decidió consultar a especialistas de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, referente internacional en modelado ecológico. Presentó el caso de Santa Cruz ante un panel de matemáticos, ecólogos y zoólogos. "La primera reacción fue de sorpresa. No conocían la magnitud del territorio ni las características de la provincia. Pero después me dijeron algo que me quedó grabado: si las condiciones que describís son correctas, esto puede convertirse en un desastre ecológico", recuerda. Desde entonces comenzó a publicar una serie de análisis conocidos como "Los Guanaco Papers", donde plantea que la discusión sobre la especie debe incorporar herramientas de manejo poblacional utilizadas en otros países.
La expansión de los guanacos coincide con décadas de retroceso de la ganadería ovina en gran parte de la Patagonia. Blake aclara que la crisis del sector tiene múltiples causas: la caída internacional del precio de la lana, la erupción del volcán Hudson, cambios en los mercados internacionales y transformaciones económicas de largo plazo. Sin embargo, considera que la competencia por el recurso más escaso de la región —el pasto— se ha convertido en un factor determinante. "Cuando aumenta la cantidad de guanacos, el productor tiene que reducir la carga ovina. Baja un 10%, un 20%, un 30%. Llega un punto en que la explotación deja de ser viable", sostiene.
La principal alarma está vinculada al comportamiento ecológico de la especie. Blake sostiene que el guanaco es un animal extraordinariamente resistente, adaptado para sobrevivir en condiciones extremas. Esa capacidad provoca que los mecanismos naturales de regulación poblacional actúen demasiado tarde. "El guanaco no reduce rápidamente su reproducción cuando disminuye el recurso. Sigue adelante hasta que el pastizal ya está seriamente degradado", explica. En una provincia caracterizada por suelos frágiles, vientos intensos y escasas precipitaciones, la pérdida de cobertura vegetal puede desencadenar procesos de erosión difíciles de revertir.
Uno de los puntos que más preocupa al investigador es la falta de información actualizada. El último relevamiento integral publicado sobre la población de guanacos en Santa Cruz tendría más de una década. "El primer paso es saber cuántos animales hay realmente. Hace falta un censo científico, abierto, replicable y realizado a escala de todo el ecosistema", afirma. La ausencia de datos precisos dificulta cualquier planificación seria para compatibilizar conservación, producción y protección ambiental.
Lejos de plantear la erradicación de la especie, Blake propone avanzar hacia esquemas de manejo poblacional similares a los utilizados en países como Australia, Noruega o Escocia con otras especies silvestres emblemáticas. Entre las alternativas menciona la posibilidad de desarrollar mercados para la carne, la fibra y el cuero de guanaco, generando incentivos económicos que permitan mantener las poblaciones dentro de niveles compatibles con la capacidad de carga de la estepa. "El desafío es encontrar un equilibrio. Si no logramos controlar el crecimiento de manera sostenible, el riesgo es que terminemos perdiendo aquello que queremos proteger: el pastizal patagónico", concluye.