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Copernicus documenta la exposición al ozono y el transporte intercontinental de humo y polvo

El primer Atmosphere Watch analiza la contaminación del aire en los primeros ocho meses de 2026. Casi el 40 % de la población mundial estuvo expuesta a niveles de ozono que el análisis clasifica como extremadamente altos.

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El primer informe Atmosphere Watch del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), difundido el 30 de septiembre de 2026, documenta cómo el ozono, el humo de incendios y el polvo desértico afectan territorios alejados de sus fuentes. La evaluación global, centrada en los primeros ocho meses del año, fue presentada por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) (https://www.ecmwf.int/en/about/media-centre/news/2026/cams-atmosphere-watch), que implementa el servicio por encargo de la Comisión Europea.

Según el análisis, casi el 40 % de la población mundial estuvo expuesta a niveles de ozono extremadamente altos, mientras que alrededor del 5 % registró concentraciones clasificadas como buenas. En Europa, la mitad de la población quedó en las categorías mala, muy mala o extremadamente mala. Son indicadores de exposición al ozono; no deben sumarse a los del humo o el polvo para calcular una población afectada única.

El ozono a nivel del suelo se forma mediante reacciones químicas entre contaminantes precursores, incluidos óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, favorecidas por la radiación solar y las altas temperaturas. Puede perjudicar la salud, los ecosistemas y los rendimientos agrícolas. Por eso, la reducción de emisiones de otros contaminantes en Europa no elimina automáticamente el problema del ozono, condicionado también por la meteorología.

El transporte atmosférico amplía la escala del problema. El informe describe humo de incendios norteamericanos que alcanzó partes de Europa y contribuyó localmente a elevar las partículas finas PM2,5. También registra impactos a cientos de kilómetros de incendios en Francia, España, Bélgica y el Reino Unido. El polvo sahariano atravesó el Atlántico o el Mediterráneo hacia Europa, el Caribe y otras regiones, siguiendo episodios distintos.

Para reconstruir esos recorridos, CAMS combina observaciones satelitales, redes terrestres y modelos atmosféricos. Su sistema global representa más de 50 especies químicas y recibe el aporte de más de 100 organizaciones especializadas europeas. Esa combinación permite analizar concentraciones y anticipar desplazamientos de contaminantes, con información que apoya a autoridades ambientales y sanitarias, especialmente donde la cobertura de estaciones de medición es limitada.

El balance exige conservar sus fechas de corte. Aunque la evaluación principal abarca enero a agosto, el gráfico de alertas de polvo incorpora datos hasta el 15 de septiembre. Ninguno constituye un cierre anual de 2026. Los porcentajes de exposición tampoco equivalen a casos de enfermedad ni prueban que todas las personas de una región hayan respirado la misma concentración durante todo el período.

El seguimiento de nuevos episodios cuenta con los datos y pronósticos que CAMS ya proporciona a científicos y responsables públicos. Su uso permite examinar conjuntamente emisiones locales y aportes lejanos antes de diseñar respuestas de calidad del aire. El caso muestra por qué la coordinación entre territorios necesita información compatible. Información de ECMWF (© ECMWF) bajo CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/), con redacción y traducciones propias.