Las lluvias asociadas a un episodio excepcional de El Niño ya inundaron calles y viviendas de Piura en octubre, cuando los aguaceros persistentes suelen llegar entre febrero y marzo. En Chulucanas, el agua alcanzó unos 30 centímetros en el mercado y el lodo entró en casas.
Senamhi previó que Tumbes podía recibir hasta 80 milímetros en 24 horas, más que los cerca de 70 milímetros acumulados normalmente en un mes de verano. El organismo calificó el episodio como el tercer gran evento extraordinario tras 1982-1983 y 1997-1998.
La ventana más intensa se fijó entre el 24 y el 26 de octubre, con una pausa breve desde el 27 y un ciclo más fuerte después del 5 de noviembre. La previsión abarca Piura, Tumbes y otras regiones del norte, pero su evolución debe actualizarse con nuevos partes.
El océano explica parte del riesgo: 29 grados frente a Tumbes, 27 en Talara —nueve por encima de lo habitual— y 24 en Pisco. El agua caliente aporta más humedad, aunque no determina por sí sola cuánto lloverá ni dónde ocurrirá cada inundación.
El impacto económico ya alcanza pesca y agricultura. La anchoveta se desplazó a aguas profundas y la segunda temporada pesquera fue cancelada; el Banco Central proyectó una caída sectorial del 30,7%, mientras BBVA Research estimó pérdidas de 3.500 millones de dólares en 2026.
La ejecución preventiva muestra una brecha. Para octubre se habían asignado 2.517 millones de soles a la emergencia, pero las entidades habían gastado 317 millones, el 12,6%; bonos a familias comenzarían en diciembre y parte de las obras en enero de 2027.
El Gobierno pidió evacuar zonas de alto riesgo, una medida urgente cuando hay aulas de adobe, quebradas activas y barrios sin drenaje. La eficacia dependerá de refugios, transporte, información confiable y obras que reduzcan exposición, no sólo de presupuesto anunciado.