El episodio de El Niño que comenzó en el Pacífico ecuatorial durante la primavera boreal ya entró en territorio instrumental sin precedentes y todavía no alcanzó su pico previsto para fin de año. La señal coincide con sequías, incendios y lluvias intensas en regiones expuestas. Sin embargo, el término “super El Niño” es descriptivo, no una categoría operativa universal, y el tamaño de la anomalía oceánica no determina por sí solo la gravedad de cada impacto.
La Organización Meteorológica Mundial informó que el índice mensual Niño 3.4 subió de +2 °C a +2,8 °C entre julio y septiembre. En la serie diaria seguida por el climatologo Zeke Hausfather, el 21 de septiembre alcanzó +3,11 °C y superó el récord de +3,08 °C del 18 de noviembre de 2015. A fines de octubre rondaba +3,5 °C, mientras el calor subsuperficial llegaba a unos 11 °C sobre lo normal.
Los modelos estacionales proyectan mayor intensificación y un pico cercano a +4 °C. NOAA asigna 83% de probabilidad a un evento “histórico” entre octubre y diciembre. Esa convergencia es relevante, pero ningún sistema estacional fue validado frente a un episodio de este tamaño. Los modelos sobrestimaron el calor observado en agosto en unos 0,3 °C, recordatorio de que el rango proyectado no es una certeza.
Los efectos ya son asimétricos. Indonesia padece sequía e incendios con humo tóxico; en la Guayana Francesa cayeron solo 2,9 milímetros en septiembre y se complicó el agua potable; India tuvo uno de sus monzones más débiles en 25 años. Bolivia declaró emergencia por sequía, mientras el oeste de Sudamérica, el oeste estadounidense y África oriental enfrentan mayor riesgo de lluvias intensas.
La teleconexion pierde fuerza al alejarse del Pacífico ecuatorial. El Niño suele debilitar el monzón indio o favorecer lluvias en ciertas costas, pero otros patrones atmosféricos, el relieve y la temperatura del océano pueden reforzar o compensar la señal. Por eso una inundación, huracán o incendio concreto requiere estudio de atribución y datos locales; no basta con que El Niño esté activo.
El calentamiento causado por combustibles fósiles agrega otra capa. Sin descontar la tendencia global, el episodio ya supera picos anteriores; al remover estadisticamente esa señal, estaría cerca de los récords históricos. No existe consenso definitivo sobre si el cambio climático aumenta la amplitud de El Niño, aunque aparecen indicios. En el huracán Polo, un análisis atribuyó al calentamiento al menos tanta influencia como al fenómeno oceánico.
La gestión debe prepararse para escenarios, no para un único pronóstico. Agricultura, agua, salud, energía, incendios e infraestructura necesitan umbrales regionales, reservas y comunicación anticipada hasta 2027. Publicar probabilidades y explicar incertidumbre evita dos errores opuestos: minimizar un episodio extraordinario o presentar cada desastre como consecuencia inevitable de un solo índice del Pacífico.