Actualidad ASE
Actualidad ASE

Microplásticos en suelos agrícolas abren un nuevo frente para la seguridad alimentaria británica

Un informe parlamentario identifica a los lodos de depuradora aplicados como fertilizante entre las principales vías de contaminación del suelo. Pide metas vinculantes, control de fuentes, responsabilidad del productor y un sistema nacional de monitoreo sin confundir riesgo creciente con pérdidas agrícolas ya cuantificadas.

ASE AUDIO

Escuchar este artículo

Listo para escuchar

La acumulación de microplásticos en los suelos agrícolas constituye una amenaza emergente para la seguridad alimentaria del Reino Unido, según un nuevo informe del grupo parlamentario multipartidario sobre microplásticos. El documento fue elaborado con el Revolution Plastics Institute de la Universidad de Portsmouth y el Women’s Institute. Su advertencia se refiere a un riesgo creciente para la fertilidad y la producción, no a una pérdida nacional de cosechas ya medida y atribuida exclusivamente a estas partículas.

Los suelos británicos figuran entre los más contaminados de Europa. Una ruta central es la aplicación reiterada de lodos de depuradora como fertilizante: recuperan nutrientes y materia orgánica, pero también pueden trasladar partículas que el tratamiento de aguas no retira por completo. A ello se suman el desgaste de neumáticos, textiles sintéticos, pinturas, envases, cosméticos, plásticos agrícolas y la fragmentación de productos durante todo su ciclo de vida.

El informe define a los microplásticos como partículas de entre un micrómetro y cinco milímetros, y a los nanoplásticos como menores de un micrómetro. Esa diferencia es relevante porque las partículas más pequeñas pueden atravesar membranas biológicas y son especialmente difíciles de detectar. La falta de métodos uniformes para muestrear suelo y medir partículas impide todavía construir una línea de base nacional comparable.

La evidencia reunida señala varios mecanismos de daño. Las partículas pueden modificar la estructura y la capacidad de retención de agua del suelo, alterar comunidades de bacterias y hongos esenciales e ingresar en organismos como las lombrices, donde se han observado cambios fisiológicos. La combinación puede deteriorar funciones que sostienen el crecimiento vegetal, sobre todo cuando sequías, inundaciones y olas de calor ya presionan la agricultura.

El plástico tampoco es un contaminante químicamente neutro. El reporte señala que se utilizan más de 16.000 sustancias en plásticos, cerca de 4.000 con peligros conocidos para la salud, mientras muchas otras carecen de pruebas suficientes. Además, las partículas pueden transportar metales pesados, bacterias, virus y otros compuestos presentes en el ambiente. El riesgo depende del polímero, tamaño, concentración, aditivos, suelo y exposición, por lo que no puede resumirse en una única cifra.

Las cinco líneas de política propuestas son metas legalmente vinculantes para reducir la contaminación, regulación de las mayores fuentes, responsabilidad extendida del productor durante todo el ciclo de vida, mejores protecciones para aguas residuales, lodos y suelos, y un sistema coordinado de evidencia y monitoreo. El enfoque desplaza parte del esfuerzo desde limpiar después hacia impedir que las partículas se liberen en origen.

La prioridad práctica es medir flujos y acumulación antes de que la incertidumbre se convierta en excusa para la inacción. Concentraciones por tipo de suelo, contenido de lodos, salud microbiana, infiltración, actividad de fauna, rendimiento y presencia en cultivos permitirían evaluar tendencias y eficacia regulatoria. Proteger el suelo exige reducir emisiones y actualizar el control de los lodos sin perder de vista su función agronómica ni sustituir un residuo por otro problema.