Ocho pingüinos de Magallanes equipados con GPS en Cabo Vírgenes, Santa Cruz, revelaron que el mar utilizado por la colonia durante la reproducción es más amplio de lo estimado. En viajes para alimentar a los pichones, las aves llegaron hasta unos 70 kilómetros del nido y completaron recorridos de al menos 130 kilómetros entre ida y vuelta. El área núcleo conjunta alcanzó 5.543 kilómetros cuadrados, más del doble de cálculos anteriores.
El seguimiento corresponde a la temporada reproductiva de 2025 y reúne apenas ocho viajes de ocho individuos, por lo que sus resultados son preliminares. Las condiciones del océano pueden modificar rutas y tiempos entre años. Aun así, el estudio identifica sectores de alimentación y descanso fuera de los límites terrestres de la reserva, información necesaria para evaluar pesca, navegación, turismo y actividad hidrocarburífera en el entorno marino.
Durante la cría, los adultos alternan el cuidado del nido y la búsqueda de sardina fueguina y otras presas. En 2025 algunos viajes duraron un día y medio, unas doce horas más que lo habitual, señal de que el alimento pudo estar menos disponible en zonas cercanas. Ese retraso no prueba por sí solo una caída regional de sardinas: necesita repetición, datos oceanográficos y seguimiento de las poblaciones de peces.
Los 3.000 a 3.500 kilómetros citados por los investigadores corresponden a la dispersión posterior a la reproducción, no a cada salida para alimentar pichones. Algunos adultos permanecen seis meses en el mar y avanzan hasta Uruguay o el sur de Brasil. Otros no realizan esa migración larga y se mantienen durante otoño e invierno a unos 300 o 350 kilómetros de la colonia, soportando aguas frías con alimento suficiente.
El trabajo encontró además diferencias por sexo: las hembras aparecieron con mayor frecuencia entre quienes permanecían cerca, mientras los machos tendían a internarse en la plataforma continental y desplazarse hacia el norte. Con ocho individuos no puede definirse una regla universal. Ampliar la muestra y repetir dispositivos permitirá saber si ese patrón persiste por edad, condición corporal, éxito reproductivo y variabilidad ambiental.
Cabo Vírgenes albergaba cerca de 120.000 parejas —unos 240.000 pingüinos— en el censo de 2025, la colonia continental más austral y la tercera más numerosa de la especie. Los especialistas la describen como saludable y con alto éxito reproductivo, pero sensible a cambios en alimento y uso del mar. Una población abundante no elimina la necesidad de conservar los procesos que la sostienen.
El equipo repetirá el censo y el seguimiento para apoyar decisiones sobre un área marina contigua a la reserva. La protección deberá basarse en rutas acumuladas de varias temporadas, interacción con actividades productivas y disponibilidad de presas. El hallazgo central no es que todos los pingüinos viajen 3.500 kilómetros, sino que una misma colonia usa estrategias diferentes y depende de espacios marinos que hoy quedan fuera del límite protegido.