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El retroceso del Perito Moreno vuelve visible la urgencia de monitorear los glaciares patagónicos

Imágenes satelitales recientes y estudios científicos indican que el glaciar Perito Moreno dejó atrás su estabilidad histórica y atraviesa una etapa de retroceso acelerado. La señal exige reforzar el monitoreo de la criósfera, la gestión del agua dulce y la planificación climática en la Patagonia austral.

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El glaciar Perito Moreno, uno de los símbolos naturales más reconocidos de la Patagonia argentina, muestra un retroceso que ya puede identificarse desde imágenes satelitales. La comparación del frente de hielo en el Brazo Rico del Lago Argentino con registros de años anteriores evidencia un cambio que la comunidad científica venía siguiendo con mediciones de campo, datos radar y monitoreo remoto.

Durante décadas, el Perito Moreno fue considerado una excepción dentro de los grandes glaciares patagónicos por su relativa estabilidad. Esa condición comenzó a modificarse con mayor claridad en los últimos años. Estudios basados en imágenes Landsat entre 1997 y 2023 señalan que, luego de una etapa cercana al equilibrio, el glaciar inició desde 2016 una transición hacia un retroceso frontal sostenido.

Las cifras dan escala al fenómeno. Investigaciones recientes estiman que desde 2019 el frente del glaciar retrocedió más de 800 metros en algunas áreas, mientras que en 2025 se registró un episodio de retroceso cercano a 385 metros, el mayor dentro del período observado desde 1997. Entre 1997 y 2023, la pérdida de superficie se estimó en alrededor de 3 kilómetros cuadrados.

Otro trabajo publicado sobre el estado y el destino del Perito Moreno identificó un aumento abrupto en el adelgazamiento del frente glaciar: de 0,34 metros por año entre 2000 y 2019 a 5,5 metros por año entre 2019 y 2024. Ese cambio se vincula con la dinámica del hielo, la profundidad del lago y la pérdida progresiva del apoyo que durante años ayudó a estabilizar el frente.

La explicación no depende de una sola causa. El calentamiento atmosférico, las sequías recientes, la reducción de acumulación de nieve, el contacto con aguas lacustres y la topografía subglacial interactúan en un sistema complejo. Una cresta o morrena sumergida habría funcionado como barrera natural; si el glaciar se despega de ese punto de apoyo, podría intensificarse el desprendimiento de témpanos y acelerarse el retroceso.

El dato es estratégico para la Argentina. Los campos de hielo patagónicos constituyen la mayor reserva de agua dulce sólida de Sudamérica y son indicadores sensibles de la variabilidad climática regional. Su evolución afecta ecosistemas, turismo, disponibilidad hídrica, planificación territorial, seguridad en áreas protegidas y comprensión del aporte sudamericano al aumento del nivel del mar.

La imagen satelital no debe leerse solo como una postal de pérdida, sino como una herramienta de decisión. Copernicus, Landsat, Sentinel-2, mediciones radar, batimetrías, estaciones meteorológicas y campañas glaciológicas permiten convertir un fenómeno visible en conocimiento operativo. La prioridad es sostener series de datos, integrar instituciones científicas y traducir la información en políticas de adaptación.

Para Fundación Argentina ASE, el caso Perito Moreno resume una agenda central: conocer mejor el ambiente para proteger ecosistemas y comunidades. La tecnología de observación, el monitoreo territorial y la cooperación científica no son accesorios; son capacidades públicas indispensables para anticipar riesgos, administrar recursos naturales y sostener desarrollo humano en un país austral, sudamericano y emergente.