Las comunidades de Nurra, Wala y Mortí, en la comarca Guna de Wargandí, firmaron las actas de Consentimiento Libre, Previo e Informado para poner en marcha el proyecto Biomas Críticos de Panamá: Conservación Colaborativa del Darién. El acuerdo llegó después de ocho meses de recorridos, conversaciones e intercambio de conocimientos entre autoridades tradicionales, pobladores e instituciones.
El proceso buscó que las comunidades conocieran antes de decidir los objetivos, actividades, productos, alcances y mecanismos de participación. Esa secuencia es central: la firma no es una adhesión simbólica ni un resultado ambiental ya alcanzado, sino la autorización colectiva que permite comenzar una intervención de cinco años bajo condiciones acordadas con quienes habitan y gobiernan el territorio.
MiAMBIENTE lidera la iniciativa, la FAO aporta coordinación técnica y administrativa y la Fundación ANCON actuará como socio ejecutor en campo, con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. La Dirección Nacional Forestal acompañará las acciones y las comunidades tendrán participación directa en el monitoreo y la ejecución, según el esquema anunciado por las instituciones.
El proyecto pretende conservar bosques y ríos, reducir la deforestación y la degradación, y fortalecer la gobernanza comunitaria. También propone integrar conocimiento científico con saberes ancestrales para decidir cómo manejar el territorio. Esa combinación sólo será efectiva si la información fluye en ambas direcciones y si las autoridades tradicionales mantienen capacidad real de incidir durante toda la implementación.
La dimensión productiva incluye mejoras en cultivos de plátano, tubérculos, cacao y café, además de sistemas agroforestales con árboles de valor maderable y no maderable. El objetivo declarado es ampliar oportunidades de comercialización e ingresos compatibles con el bosque. Por ahora se trata de una hoja de ruta: todavía no hay resultados medidos sobre producción, presión extractiva ni recuperación forestal atribuibles al proyecto.
El Darién reúne alta diversidad biológica y territorios donde bosque, agua, alimentación, cultura y autonomía comunitaria están estrechamente vinculados. Por eso, conservar no puede reducirse a prohibir usos. El desafío consiste en sostener medios de vida, distribuir beneficios de manera verificable y proteger los sitios de importancia ecológica y cultural sin desplazar decisiones hacia actores externos.
La firma abre la etapa decisiva: convertir el consentimiento y los compromisos institucionales en actividades trazables. Indicadores públicos de cobertura forestal, calidad de ríos, supervivencia de sistemas agroforestales, ingresos comunitarios y participación efectiva permitirán evaluar el avance. La permanencia del diálogo y la posibilidad de corregir el proyecto serán tan importantes como las metas técnicas para determinar si la alianza protege el bosque a largo plazo.