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Los paneles solares retirados podrían abrir un mercado circular de casi US$1 billón

Un estudio internacional proyecta entre 297 y 402 millones de toneladas de residuos fotovoltaicos acumulados hacia 2060. Recuperar silicio, plata, cobre, aluminio y telurio podría generar casi US$1 billón, pero requiere infraestructura temprana, reglas claras y una distribución más equitativa de los beneficios.

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La expansión solar abre una segunda transición: gestionar los equipos cuando dejan de producir. Un estudio internacional reseñado por Times of India proyecta entre 297 y 402 millones de toneladas de residuos fotovoltaicos acumulados hacia 2060. La amplitud del rango refleja distintos escenarios de instalación, duración y retiro, por lo que no debe leerse como un volumen inevitable.

Los módulos suelen funcionar entre 25 y 30 años. Tras dos décadas de crecimiento acelerado, la primera gran ola de bajas aparecerá después de 2040; países de ingresos medios, especialmente China, pasarían a concentrar buena parte del flujo. Esperar a que llegue el pico dejaría poco tiempo para autorizar plantas, crear logística y formar trabajadores.

Un panel contiene vidrio y aluminio en gran volumen, además de silicio, plata, cobre y telurio con valor industrial. También puede incorporar plomo o cadmio, que requieren manejo seguro. Los procesos básicos recuperan marcos y vidrio, pero suelen perder materiales de mayor pureza; las tecnologías avanzadas exigen inversión, escala y control ambiental.

El equipo de China, Australia y Suecia modeló 1.708 combinaciones de reciclaje en 32 regiones. Comparó plantas locales, precios de materiales, comercio internacional y políticas de subsidio. El resultado favorece soluciones adaptadas a cada territorio y cooperación transfronteriza, porque distancia, composición de los paneles, energía y capacidad industrial cambian los costos reales.

Bajo condiciones adecuadas, el valor recuperable se acercaría a US$1 billón y el reciclaje evitaría miles de millones de toneladas de emisiones equivalentes de dióxido de carbono. Son beneficios potenciales de modelo, no ingresos garantizados: dependen de tasas de recolección, rendimiento técnico, precios de materias primas, costo energético y existencia de compradores para los materiales secundarios.

La alternativa más barata a escala mundial no siempre es la más justa. Enviar residuos a regiones con plantas eficientes puede concentrar ganancias en economías ricas y dejar a países pobres con cargas ambientales o sin acceso tecnológico. El estudio propone subsidios decrecientes: apoyo inicial mientras maduran las instalaciones y reducción gradual cuando alcanzan viabilidad comercial.

La política debe comenzar antes de la ola de descartes con responsabilidad del productor, trazabilidad, estándares de reparación y reutilización, prohibiciones al abandono y diseño orientado al desmontaje. El éxito se medirá por recolección efectiva, pureza y destino de materiales, emisiones evitadas, seguridad laboral y reparto regional del valor, no sólo por toneladas enviadas a una planta.