Las alertas de pérdida de vegetación en la Amazonía brasileña descendieron a 2.874,38 kilómetros cuadrados entre agosto de 2025 y julio de 2026. El dato del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil representa una caída interanual del 36,87%, el nivel más bajo de la serie comparable del sistema Deter, iniciada en 2016, y una superficie 55,6% inferior al promedio de los diez ciclos anteriores.
Deter utiliza imágenes satelitales para localizar con rapidez áreas de supresión o degradación y orientar las operaciones de fiscalización. Por esa función operativa, una alerta no es lo mismo que una hectárea definitivamente confirmada como deforestada. La tasa anual oficial se construye con Prodes, un sistema de mayor precisión; por eso, el resultado anticipa una tendencia favorable, pero no debe presentarse como cierre definitivo del balance forestal.
La reducción se concentró en varios estados de gran peso. Pará registró 987,27 km² bajo alerta, 25,5% menos que en el ciclo anterior; Mato Grosso contabilizó 834,41 km² y cayó 49%; Amazonas descendió 46,7%, hasta 433,9 km². Acre llegó a 153,8 km², con una baja del 35,3%, y Rondônia a 114,3 km², un 41,2% menos.
El mapa, sin embargo, no fue uniforme. Roraima sumó 272,6 km² bajo alerta y aumentó 32,5% interanual, una excepción que obliga a mantener vigilancia territorial aun cuando el agregado amazónico mejora. La concentración de casi dos tercios del total en Pará y Mato Grosso también muestra dónde la capacidad de control, las investigaciones sobre ocupación ilegal y el seguimiento de cadenas productivas siguen siendo decisivos.
El Cerrado presentó otra señal positiva, aunque más moderada: 5.119,46 km² bajo alerta, 7,8% menos y el menor nivel de los últimos cinco años. Allí también hubo contrastes: Piauí redujo 51,2% y Bahía 27%, mientras Minas Gerais aumentó 72,5%, Mato Grosso 40,5% y Maranhão 2,1%. La mejora nacional, por lo tanto, convive con focos de expansión que pueden desplazarse entre biomas y jurisdicciones.
Otros resultados consolidados por Prodes para el ciclo 2024-2025 reforzaron la tendencia descendente: 2.289,54 km² deforestados en la Caatinga, 34,3% menos; 402,36 km² en la Mata Atlántica, una baja de 15,32% y mínimo desde 2001; y 305,48 km² en el Pampa, 41,7% menos. Esas cifras no deben mezclarse mecánicamente con las alertas Deter de Amazonía y Cerrado porque corresponden a otra metodología y a otro período.
El próximo examen será doble: Prodes deberá confirmar cuánto bosque se perdió efectivamente y las autoridades deberán demostrar que el descenso se sostiene sin trasladar la presión a territorios menos vigilados. El mínimo de las alertas amplía el margen para consolidar políticas de control, pero no elimina la deforestación, la degradación ni sus causas económicas. La continuidad de la fiscalización y la transparencia de los datos serán la prueba de que la mejora no es transitoria.