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El humo de los incendios de Indonesia expone a millones a aire peligroso

Desde enero ardieron al menos 895.657 hectáreas y los casos respiratorios en las provincias afectadas superaron 113.000 al 9 de septiembre. El Niño agrava la sequía, pero la ignición humana, el drenaje de turberas y la degradación forestal explican la crisis.

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Los incendios que desde hace meses afectan Borneo, Sumatra y otras regiones de Indonesia convirtieron el humo en una emergencia sanitaria nacional y transfronteriza. Desde enero ardieron al menos 895.657 hectáreas, según Nusantara Atlas, una superficie 34 % mayor que la registrada en 2019 para el mismo indicador. Las zonas más afectadas incluyen Sumatra, Kalimantan y Papua.

Muchos focos empiezan como quemas pequeñas, a veces encendidas ilegalmente para despejar terreno destinado a plantaciones de palma aceitera. El calor, la falta de lluvia y los vientos permiten que se salgan de control. En las turberas drenadas, el fuego penetra bajo la superficie, reaparece a distancia y puede seguir ardiendo durante semanas, lo que multiplica humo y dificulta su extinción.

El impacto sobre la salud creció con rapidez. Los casos de enfermedades respiratorias vinculadas a los incendios en las provincias afectadas pasaron de 50.891 el 1 de septiembre a 113.336 el día 9. Escuelas cerraron y servicios de urgencia recibieron más pacientes, mientras familias reportaron irritación ocular, mareos y humo entrando en viviendas incluso durante la noche.

La calidad del aire alcanzó niveles extremos. En Sampit, Kalimantan Central, fue clasificada como peligrosa todos los días de septiembre y el índice llegó a 1.142 el día 10, según IQAir; por encima de 300 ya se considera peligroso. El humo cruzó fronteras hacia Malasia, Singapur, Brunéi y Filipinas, transportado por los vientos monzónicos.

Las emisiones de los incendios indonesios sumaron 19,7 millones de toneladas métricas durante la primera semana de septiembre, más de un tercio del total mundial de ese período según Copernicus. Esa cifra mide emisiones del fuego, no toda la contaminación respirada en cada ciudad. La exposición depende de partículas, distancia, viento, duración y condiciones locales.

El Ministerio de Ambiente investiga a 19 empresas presuntamente vinculadas con los focos y la policía detuvo a 113 personas bajo sospecha de haberlos iniciado. El gobierno desplegó aviones, helicópteros, drones y militares. Malasia y Japón enviaron asistencia, mientras brigadas comunitarias vigilan terrenos, desalientan quemas y distribuyen oxígeno a residentes y bomberos.

El Niño intensifica y prolonga la sequía, pero no enciende por sí mismo los incendios: actúa como facilitador sobre paisajes degradados y turberas desecadas donde sigue existiendo una fuente humana de ignición. El balance continúa abierto y las autoridades esperaban riesgo alto hasta el comienzo de las lluvias, posiblemente en noviembre. La respuesta duradera exige apagar focos, proteger la salud, hacer cumplir la ley y rehumedecer las turberas para impedir que el subsuelo vuelva a arder.