Palangka Raya, en la isla de Borneo, puso en servicio un autobús equipado con tanques de oxígeno y personal médico para residentes afectados por el humo de incendios forestales. Los pacientes reciben apoyo durante cinco a diez minutos y quedan registrados por el equipo sanitario.
El servicio apunta a personas con tos, opresión en el pecho o dificultad para respirar en jornadas de aire insalubre. Es una medida de alivio inmediato y evaluación básica: no sustituye atención hospitalaria cuando hay síntomas graves ni elimina la exposición ambiental.
Algunas zonas de Borneo y Sumatra registraron índices de contaminación superiores a 1.000, mientras que valores de 300 ya se clasifican como peligrosos. Las escalas pueden variar, pero esa magnitud indica condiciones extremas y exige reducir actividades al aire libre.
El Ministerio de Salud contabilizó cerca de 350.000 casos de afecciones respiratorias relacionadas con los incendios entre agosto y el 25 de octubre. Kalimantan Central concentraba alrededor de 31.000, cifras acumuladas que describen consultas o diagnósticos, no necesariamente personas únicas.
Los incendios de 2026 son los más intensos en más de una década. El Niño elevó el calor y prolongó la sequedad, haciendo más vulnerables bosques y turberas; el humo tiñó cielos de Indonesia y alcanzó Malasia y Singapur.
Cientos de estudiantes protestaron frente a la oficina del gobernador para exigir una respuesta mayor. La presión refleja que entregar oxígeno y mascarillas protege durante la exposición, pero no resuelve la combustión persistente ni la responsabilidad por nuevos focos.
La salida duradera exige apagar incendios, impedir quemas y reencendidos, restaurar turberas húmedas, fiscalizar concesiones y transparentar datos de salud y aire. La ayuda móvil debe integrarse con refugios limpios, atención clínica y protección prioritaria de niños, mayores y pacientes crónicos.