El Reglamento europeo de Envases y Residuos de Envases, PPWR, comenzó a regir el 12 de agosto en los veintisiete países de la Unión Europea. Sustituye un marco que no logró detener el aumento de residuos: cada habitante desecha en promedio alrededor de medio kilo de embalajes por día. La norma busca reducir volumen, armonizar el mercado y disminuir la dependencia de materias primas fósiles.
El calendario es progresivo. Los Estados deberán reducir los residuos de envases 5% para 2030, 10% para 2035 y 15% para 2040. El efecto inmediato no será una caída abrupta de basura: la mayoría de las obligaciones llega más adelante. La primera disposición aplicable fija desde ahora concentraciones máximas de PFAS, los llamados químicos eternos, en envases alimentarios.
Desde 2030, cada envase deberá alcanzar al menos 70% de reciclabilidad y los plásticos incorporarán porcentajes mínimos de materia recuperada; las botellas deberán contener 30%. A partir de 2035, la etiqueta reciclable dependerá además de que el material sea efectivamente clasificado, recolectado y reintroducido en producción a gran escala, un cambio que vincula diseño con funcionamiento real del sistema.
Para 2029, los sistemas de depósito y devolución deberán abarcar la mayoría de las latas y botellas de bebidas y alcanzar 90% de recolección para reciclaje. La norma también prohíbe varias formas de plástico de un solo uso: películas para frutas y verduras de menos de 1,5 kilos, porciones individuales en hoteles y restaurantes, bolsas ultralivianas y ciertos cosméticos en miniatura.
En reutilización, el texto exige que 40% de los envases de transporte sea reutilizable en 2030 y fija 10% para envases de bebidas. Para 2040, el 70% del transporte quedó como esfuerzo esperado, no obligación firme. La propuesta original de vender 10% de la comida y bebida para llevar en recipientes reutilizables en 2030 terminó convertida en opción voluntaria.
La reducción de ambición siguió a una campaña intensa. Más de cien empresas, entre ellas Coca-Cola, McDonald's y Heineken, pidieron aplazar y modificar el reglamento. Una coalición encabezada por McDonald's presionó contra las metas de reutilización; además consiguió que ciertas prohibiciones sobre envases de un solo uso se limitaran al plástico, dejando fuera alternativas de papel.
El PPWR establece un piso común, no un techo. Francia debate cómo adaptarlo sin retroceder frente a su ley de 2020, que pretende eliminar los envases plásticos de un solo uso para 2040; el propio reglamento permite políticas nacionales más exigentes. La evaluación deberá observar residuos evitados, tasas reales de reutilización y recolección, contenido reciclado y si las excepciones desplazan consumo hacia otros descartables.