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Colombia bloquea nuevas concesiones mineras y petroleras en 42% de su territorio

La Resolución 0961 declaró reserva definitiva 483.283 km² del bioma amazónico y excluyó nuevas concesiones mineras y contratos de hidrocarburos. La medida protege bosque, agua y biodiversidad, pero respeta derechos preexistentes, otros usos regulados y territorios indígenas.

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Colombia declaró 483.283 kilómetros cuadrados de su bioma amazónico como Reserva de Recursos Naturales Renovables y del Ambiente de carácter definitivo. La decisión, formalizada por el Ministerio de Ambiente mediante la Resolución 0961 de 2026, abarca cerca del 42% del territorio continental del país y más del 80% de su cobertura boscosa amazónica. Su efecto central es impedir que se otorguen nuevas concesiones o autorizaciones mineras y que se firmen nuevos contratos de exploración y explotación de petróleo y gas dentro del área delimitada.

La reserva alcanza por completo los departamentos de Amazonas, Caquetá, Putumayo, Guaviare, Guainía y Vaupés, y parcialmente Meta, Vichada, Cauca y Nariño. Esa extensión representa alrededor del 7% de toda la Amazonía sudamericana y reúne bosques, ríos, especies y territorios de pueblos indígenas. La medida aplica los principios de prevención y precaución frente a impactos acumulativos y busca reducir el riesgo de que la selva pierda capacidad de regeneración y se acerque a un punto crítico ecológico y climático.

El alcance jurídico debe describirse con precisión. La resolución no convierte toda la zona en parque nacional ni prohíbe cualquier actividad humana. Restringe un uso específico hacia el futuro: nuevas operaciones de gran minería e hidrocarburos y sus permisos ambientales. Los contratos, títulos y derechos preexistentes se rigen por sus condiciones y por la legislación aplicable; tampoco se bloquean agricultura, pesca, turismo, infraestructura u otros aprovechamientos permitidos por el ordenamiento ambiental y territorial.

La norma también afirma que la reserva no puede utilizarse para suspender, negar o condicionar la titulación colectiva ni la formalización de resguardos y territorios indígenas. Los derechos preexistentes de los pueblos deben ser respetados y las autoridades propias conservan un papel central en el uso y cuidado del territorio. La declaratoria tampoco altera el régimen de parques nacionales u otras figuras de conservación ya vigentes ni sustituye las competencias de las autoridades ambientales regionales.

El bloqueo de nuevas concesiones reduce una presión relevante, pero no elimina por sí solo la deforestación. La apertura ilegal de caminos, el acaparamiento de tierras, la ganadería extensiva, los cultivos ilícitos, los incendios y la minería ilegal pueden continuar si no existe presencia estatal, justicia ambiental y alternativas económicas. Para que la reserva produzca resultados, se necesitan monitoreo satelital, control territorial con comunidades, trazabilidad de cadenas productivas, restauración y financiamiento estable para economías forestales legales.

También habrá tensiones de transición. Municipios dependientes de regalías, empleo petrolero o expectativas mineras necesitan diversificar ingresos sin abandonar servicios y trabajadores. Bioeconomía, turismo de naturaleza, cacao, café, productos forestales no madereros y ciencia pueden contribuir, pero requieren carreteras compatibles, conectividad, crédito, compras públicas y mercados; no sustituyen automáticamente la renta extractiva. La justicia de la medida se medirá por la participación local y por beneficios visibles para quienes mantienen la selva en pie.

Los indicadores decisivos serán nuevos títulos efectivamente evitados, evolución de la deforestación, calidad del agua, focos de minería ilegal, seguridad territorial, ingresos comunitarios y cumplimiento de los derechos indígenas. También conviene publicar la cartografía definitiva, los derechos preexistentes y decisiones de licenciamiento para que el control social distinga protección real de una declaración simbólica. La Resolución 0961 establece un límite regulatorio de gran escala; convertirlo en conservación duradera exige aplicación, vigilancia y una transición económica construida con la Amazonía.